Una colaboración de nuestro amigo coreano Ion Li Orda, el mismo contestará a sus cuestiones...
Tolstoi, Tolstoi era una persona más bien “progresista” y estaba a favor
del progreso de las ciencias, sin embargo consciente de sus limitaciones de cara a explicar las realidades de la vida, por eso escribe a su sobrino "
Las ideas del darwinismo, de la evolución y la lucha por la supervivencia, que
tú has asimilado, no te explicarán el sentido de la vida ni te servirán de guía en
tus actos. Y la vida –si no explicamos su sentido y trascendencia y perdemos
la fiel orientación que de ello deriva- se convierte en mísera existencia. Tenlo
presente. Con amor –y con toda probabilidad en vísperas de la muerte te lo
digo- (Carta desde la estación de Astapovo)".
La pregunta sobre si uno es o no “partidario” de la evolución es incómoda y, en el fondo, profundamente desenfocada. Se entiende porque el ser
humano tiende a ser partidario y toma partido por impulsos sentimentales.
Esta tendencia también se manifiesta en cada uno de los aspectos de este
tema: hay gente a favor y en contra. Pero hay un problema de método: se puede ser partidario de un equipo
de fútbol, porque no hacen falta razones para apoyar al Madrid o al
Barca. Pero en la ciencia hacen falta razones para tomar partido.
Es más: el espíritu científico lleva a ser partidario de una posición solo
y en la medida en que está demostrada, ni más ni menos. Todo lo que se sale
de allí estorba a la ciencia, porque impide la imparcialidad de juicio.
¿Y cuándo se puede considerar que algo está demostrado? Un efecto queda
explicado cuando se descubren sus causas, todas las causas que han intervenido.
Primero hay que determinar, una por una, las causas necesarias que intervienen en un proceso: aquellas sin las cuales no hay proceso.
Después
hay que probar que son suficientes para explicar el proceso, que no olvidamos
ninguna, que bastan estas causas para explicar todo lo que ha sucedido.
La evolución tiene un problema grave de método científico; y es que no
se puede repetir en condiciones de laboratorio. No se pueden hacer actuar
las causas en el laboratorio como actúan en la naturaleza. No lo permiten
los tiempos que hacen falta para ello. Por eso, no podemos determinar fácilmente las causas necesarias y suficientes, una por una. No podemos realmente
experimentar poniendo una causa y quitando otra para ver lo que sucede.
Sólo tenemos delante un único proceso irrepetible para nosotros. Esto
produce muchas más conjeturas que en cualquier otra rama de las ciencias.
Y, respecto a la evolucion ¿que tenemos?. En este sentido tenemos que considerar tres planos:
- Los datos que indican una
evolución.
- Las teorías que intentan explicar la evolución por sus causas
(necesarias y suficientes).
- Las cosmovisiones que extrapolan la evolución
y la convierten en la explicación de todas las características de los seres
vivos y de los seres humanos.
1.- Los datos que indican una evolución.
- a.- Los fósiles que estudian los paleontólogos: es un conjunto amplio,
fragmentario (porque no todo fosiliza), difícil de analizar y datar, pero muy
elocuente: tenemos claras muestras de especies desaparecidas que tienen
formas parecidas y parecen emparentadas con especies actuales.
- b. Parecidos y dependencias morfológicas entre las especies actuales, que
estudian desde hace siglos los naturalistas y biólogos, intentando clasificarlos
en familias, por su parentesco. Es también un registro muy amplio
y elocuente. Al que se ha añadido el estudio
genético que permite establecer mucho mejor las relaciones de parentesco y permitirá quizá conocer cómo se producen los tránsitos, campo está en plena expansión desde que, en el año 2002,
se descifró el genoma humano
El conjunto de datos supone un testimonio bastante contundente de
que existe una relación “histórica” entre especies y que ha habido una
evolución. No se ve otra manera razonable de explicarlo: que ha existido
una evolución es la explicación más simple y abarcante de lo que se observa.
Esto lleva a que se considere prácticamente probado el hecho de la evolución.
Pero con esto no hemos explicado cómo se produce la evolución, sino
solo el hecho de que se produce.
2. Teorías sobre la evolución
En la historia se han formulado distintas hipótesis para explicar cómo y por
qué se ha producido la evolución. Dejando aparte
posiciones antiguas, hay acuerdo casi general sobre dos tipos de
causas, cuya formulación ha cambiado un poco en los últimos cincuenta
años con el aumento de los conocimientos:
- a) Variabilidad “espontánea” de la herencia: Es observable
en pequeña escala y se conocen en parte los motivos por los que se
produce. Precisamente en esta observación se inspiró Darwin para formular su teoría.
- b) Selección por el medio en sentido amplio: Se selecciona el “mejor adaptado” para sobrevivir o reproducirse. También
es observable en pequeña escala. El medio ejerce una presión sobre la
descendencia de manera que triunfan los mejor adaptados.
Las versiones sobre estas causas se han complicado en los últimos años,
porque hoy se sabe que el medio también afecta a la expresión genética de
la herencia, pero todavía se mantienen claramente las dos causas. La pregunta es ahora: ¿con solo estas dos causas explicamos bien lo que ha sucedido?,
¿son suficientes estas dos causas?
Parecen suficientes, y en parte se pueden comprobar a nivel “horizontal”.
Es decir, para explicar cambios de tamaño, de costumbres, de pelaje,
etc. Es lo que se llama “microevolución”. Pero la cuestión cambia bastante
cuando se observa el asunto de lejos y nos planteamos la escala ascendente
–la línea vertical- que va desde la misteriosa célula primitiva hasta el ser
humano: ¿son suficientes estas dos causas para explicar los cambios y mejoras
espectaculares que se han producido en la historia de la evolución?
Visto en su conjunto, no parece que ninguna de las dos causas sea
suficiente para explicar la fantástica aparición de estructuras complejas,
con fantásticas propiedades biológicas, psicológicas e intelectuales. Por lo
menos, no se pueden explicar solo con estas dos causas tal como se describen
hoy: la variación “aleatoria” de la herencia y la selección de los mejor
adaptados. La respuesta de muchos ante estas patentes dificultades es:
“tiene que ser así, porque no conocemos otras causas”. De manera que dan
por demostrado lo que hay que demostrar.
Además, a falta de una verdadera base experimental, que es, como hemos
dicho, prácticamente imposible, por no poder repetir los procesos en
laboratorio, la literatura sobre la evolución tiende a confundir las conjeturas
con las explicaciones y, por pura repetición, acaba creando verdaderos
espejismos. Es habitual dar por explicación suficiente de la aparición
de una característica el que suponga una ventaja adaptativa. Esto se ha
convertido en un género literario y “científico”. Y se repite sin cesar, por
ejemplo, que, en el ámbito humano, la solidaridad y el sentido moral existen
porque facilitan la supervivencia de la especie; y lo mismo el habla o la
inteligencia. Pero
está claro que el que algo pueda suponer una ventaja no explica cómo ha
podido surgir.
La historia de la evolución supone pasar de una célula primitiva, cuyo
origen está sin explicar, a todas las formas de vida donde podemos observar
una expansión fabulosa de complejidad, funciones y propiedades. Cada una
de estas nuevas estructuras con nuevas propiedades necesita explicación.
No es explicación decir que ha surgido aleatoriamente. Es como decir que
ha surgido porque ha surgido.
Además, no cualquier causa que contribuye a un efecto es explicación
suficiente del efecto. Si, paseando aleatoriamente por la playa, me tropiezo
con un cofre donde hay un tesoro. La casualidad es suficiente para explicar
que encuentre el tesoro, pero no explica el tesoro. No es lo mismo decir
que el material genético tiene unas tendencias reordenadoras que pueden
dar lugar a un ojo, que decir que el ojo ha salido por puro juego aleatorio.
La casualidad no es suficiente para explicar un ojo. Y si el ojo surge por reordenaciones del material genético, hay que admirarse de
las asombrosas propiedades que tiene el material genético y preguntarse de
dónde han salido, porque la física que manejamos no tiene esas propiedades.
3. Cosmovisiones o ideologías a partir de la evolución
Llamamos cosmovisiones a las interpretaciones globales de toda la realidad
o, por lo menos de toda la realidad humana. Una cosmovisión se convierte
en ideología cuando alguien pretende guiar y transformar el mundo con
ella. En el siglo XX ha habido varios intentos.
Históricamente, ha habido muchas extrapolaciones de las teorías de
la evolución. Unas al nivel de la tragedia, porque han contado con medios
para dirigir la vida pública. Otras, al nivel del chiste, porque no han contado
con medios. Otras no sabemos dónde van a acabar porque no podemos
calcular el apoyo social que pueden encontrar.
Hubo una aplicación trágica de las teorías de la evolución en la Alemania
nazi, cuando se habló de razas superiores e inferiores, mejor o peor
adaptadas, con mayor o menor derecho a imponerse en la lucha por la vida,
y con derecho natural a su espacio vital (Lebensraum). Era una aplicación
directa a la sociedad de conceptos biológicos (en parte, todavía vigentes en
la biología, pero ya no en la cultura).
Hay ejemplos muy conocidos más recientes, como la sociobiología de
E. O. Wilson (1980) y el conductismo radical de B. F. Skinner, que intentaban
explicar todas las características de la vida social como consecuencia
de la teoría de la evolución. Se presentaban como cosmovisiones, porque
querían explicarlo todo: pero también eran ideologías, porque pretendían
transformarlo todo. El famoso libro de Skinner, Más allá de la libertad y la
dignidad (1973), lo dejaba claro desde el título: hay que superar la idea de
que somos más libres y dignos que el resto de los animales, porque las ideas
de libertad y dignidad, en las que descansa todo nuestro sistema de convivencia,
no se justifican desde el punto de vista evolutivo y materialista.
Cuando Dawkins, que es heredero de los anteriores y uno de los ideólogos actuales más conocidos de la evolución, escribe El gen egoísta o El relojero
ciego, no se queda en los datos o en las hipótesis, sino que también
postula una cosmovisión que quiere explicarlo todo y una ideología que pretende transformarlo todo. La clave de toda su metafísica es el impulso
ciego del patrimonio genético a sobrevivir (gen egoísta). De ahí ha salido
todo (relojero ciego) y con eso le parece que explica todo sin que haga falta
Dios (El espejismo de Dios). Pero, además de ser un reduccionismo indemostrado,
no explica cómo ha podido salir de la física el impulso ciego de
los genes; ni los genes mismos como juego espectacular de construcción.
Se comprende que estas ideologías que pretenden cambiar los fundamentos
jurídicos de nuestras sociedades hayan suscitado una oposición,
a veces cerrada, que no va dirigida, en realidad, contra las ciencias, sino
contra el uso ideológico de las ciencias. Y así se ha generado una “batalla
cultural”. A veces, ha dado lugar a un desenfocado enfrentamiento creacionismo/evolucionismo.
También aquí hay que distinguir. No es lo mismo oponerse a las ideologías
evolucionistas, a las teorías evolucionistas o a los datos sobre la evolución.
Algunos no distinguen y se oponen a todo. Otros distinguen y les
parecen insuficientes las explicaciones de las teorías; y algunos proponen
alternativas mejor o peor pensadas.
Cuando extrapolamos nuestros conocimientos y pretendemos dar una explicación
global de la realidad, es evidente que nos hemos salido del campo
de las ciencias experimentales. No estamos haciendo pruebas de laboratorio.
Hemos entrado en el campo de la filosofía. Una célula es una entidad muy superior
en organización a una autopista o a un aeropuerto, y está llena de
funciones y propiedades asombrosas, perfectamente identificables. ¿Es suficiente
explicación decir de qué componentes está hecha o establecer la
hipótesis de que surge por un proceso de combinación aleatorio? ¿Y la
inteligencia de la organización que está presente y visible en la célula de
dónde ha surgido?
Y claro, cuando pensamos en el ser humano con su inteligencia y libertad
tan claramente metidas dentro, se plantea una paradoja irresoluble:
¿cómo una materia que evoluciona al azar puede dar lugar a la razón
humana? ¿Cómo se explica que la razón surja por un proceso irracional?
Las pruebas de que ha habido una evolución son bastante fuertes: todo
el registro fósil y las comparaciones morfológicas y genéticas entre las especies.
Las pruebas de que existen la inteligencia y la libertad son mucho
más fuertes: toda la transformación observable en la superficie del planeta,
que asusta, con razón, a los ecologistas. En cambio, las pruebas de que la
inteligencia y la libertad humanas proceden de una variabilidad genética
aleatoria y de la selección del medio, sencillamente no existen. Se suponen
estas causas “por defecto”. Pero es evidente que falta algo importante.
¿De verdad es razonable afirmar que todo este proceso es puramente
aleatorio sin otras causas que la casualidad y, a partir de la primera célula
inexplicada, la supervivencia del mejor adaptado? ¿No queda esta explicación
inmensamente pobre e insuficiente en relación a lo que ha pasado
y a lo que existe? ¿Cómo se explica que, aleatoriamente, aparezcan las leyes
biológicas que, después, aleatoriamente, gobiernan toda la evolución?
A un materialista no le impresionan estas preguntas, porque su punto
de partida es irrenunciable: sólo existe la materia tal como la entiende
nuestra física (que es una abstracción); por tanto, la explicación de toda la historia del mundo y de todo lo que existe, incluyendo las leyes biológicas,
la inteligencia y la libertad, sólo puede ser “física”. No puede escapar de
este círculo, porque no quiere escapar. Sabe que hoy no lo puede demostrar,
pero “cree” que llegará un día en que lo podrá demostrar. No se trata de
una deducción racional que puede cambiar si cambian los datos, estamos
tratando con una “fe” en la “física” que prefiere esperar a que cambien
los datos. Un materialista podrá objetar: “pero los cristianos también tienen
fe”. Y es verdad. Pero los cristianos no confunden la fe con la ciencia.
La ciencia no es el campo de la fe, sino de los datos y las pruebas.
Bibliografia
Dawkins, R. 1979. El gen egoísta. Barcelona: Labor.
—.
1988. El relojero ciego. Barcelona: Labor.
—.
2007. El espejismo de Dios. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe.
Jordana, R. 1988. “El origen del hombre: estado actual de la investigación paleoantropológica” Skinner, B.F. 1973. Más allá de la libertad y la dignidad. Barcelona: Fontanella.
Wiesenthal, M. 2010. El viejo león: Tolstoi, un retrato literario. Barcelona: Edhasa.
Wilson, E.O. 1980. Sociobiología: la nueva síntesis. Barcelona: Omega.