miércoles, 28 de marzo de 2018

El engaño del nuevo pacto de Echeverría

En el programa de esta semana de “Alo Presidente” del hermano Molina, se acude nuevamente a una colaboración, como suele decir el jefe Molina “escrita por nuestro amable colaborador Ruben ECHEVERRIA”... Nadie dudamos de su amabilidad pero en cualquier caso la duda viene más del lado de su inteligencia. 
Veamos: la colaboración va sobre si el cristianismo va a dejar sin efecto o no la ley de Moises, de modo que el articulo comienza...

La doctrina central del cristianismo es aquella en que Jesús, aparece para dejar sin efecto la Ley de Moisés y establecer un Nuevo Pacto, el cual dejaría fuera de acción y obsoleta la Ley de Moisés”.

En este punto ya partimos de un punto confuso: que entiende mosén Ruben por la ley de Moisés y que entiende por un Nuevo Pacto... Porque si la ley de Moises la toma como los 10 mandamiento de la ley entregados por Dios a Moises, (¿donde están los cristianos que niegan su validez?), si la ley de Moises la entiende como el conjunto de la Torá judía, incluyendo la interpretación oral y la recopilación de las leyes judías... ¿que tiene que ver con el cristianismo actual? Tampoco define que quiere significar con ese “Nuevo Pacto” ...
En cualquier caso el illuminati Echeverria acude a un estudio comparativo extraído de la Biblia de los testigos de Jehová y de la reina Varela... ¿que podrían pensar la mayoría de estudiosos de la Biblia y gran parte de los cristianos, entre ellos los católicos de esto?: Una de las biblias es la primera version protestante de la Biblia (en realidad la segunda, basada en el trabajo realizado por Casiodoro de Reina en 1569) y aunque con una gran similitud (excepto en los libros considerados como canónicos) con la biblia católica, es un trabajo filológicamente bastante pobre, que posteriormente fue mejorado en parte por  Cipriano de Varela. No podemos decir lo mismo de la edición de la Biblia de los testigos de Jehová, la edición de Watchtower: según los expertos la versión de la Sagrada Escritura de los TdJ ha llamado la atención de todos los estudiosos que no dudan en denunciar sus falsedades y notar sus divergencias con respecto de los textos bíblicos auténticos. Así, Anthony Hoekema, teólogo calvinista experto en Sagradas Escrituras, indica  “La Traducción del Nuevo Mundo no es una traducción objetiva de la Biblia en inglés moderno, sino una traducción falsificada en la cual muchas de las enseñanzas de la Sociedad Wachtower han sido fraudulentamente introducidas” 
(The Four Major Cults: Christian Science, Jehovah's Witnesses, Mormonism, Seventh-Day Adventism, 1965 ).

Ruben, Después de un análisis (¿?) confuso de algunos textos, en los que confunde ley, Pacto y alianza... concluye: “El cristianismo fue desarrollado posteriormente a los Evangelios, y está basado en algunos versículos equívocos...” y poco después indica “Sabemos que los libros del llamado Nuevo Testamento se elaboraron varios años después de Cristo.  No hay claridad acerca de los autores.”
Pero el rápidamente se apunta a un carro:  
Una de las muchas hipótesis es la que entrega el escritor e historiador Fernando Conde Torrens: Lo hicieron Eusebio de Cesarea y Lactancio, en los años 302 de la Era Común, eso según relata fue solicitado por Augusto Docleciano, en esa entrevista estaba presente el hijo del César, Constantino y a este le atrajo la idea de la necesidad de unir las diferentes religiones, y unificar el imperio, con esa herramienta ideológica...”
Aquí otra vez patina nuestro amigo Echeverría porque escritor si que es el amigo Conde Torrens, pero de historiador tiene poco (igual la aficción) ya que es ingeniero... Esto me suena sobre su hipótesis simplemente copiaré aquí la respuesta que le da Piñero, un escéptico, agnóstico, estudioso de la biblia, al amigo Torrens sobre su hipótesis:

Inventar el cristianismo es absolutamente imposible ya que tardó, por lo menos unos 420 años en constituirse. Y si se ha leído el Nuevo Testamento en griego se caerá en la cuenta que es absolutamente imposible que sea un producto del 303. Entonces, un libro que defiende una hipótesis como esa es un libro que no merece la pena leerse. Es sencillamente perder el tiempo cuando hay tantísimas cosas que leer.
 Y lo dice un filólogo, un escéptico, un racionalista, un agnóstico a quien le da igual que el resultado de su investigación contradiga sus propios presupuestos, que solo busca la posible y probable “verdad histórica”. No tengo ningún inconveniente en aceptar que se inventó el cristianismo en el 303, si la hipótesis que sustenta esta afirmación es razonable y explica los datos. Y voy a dar solo uno: tenemos papiros, del Nuevo Testamento datados por ateos científicos, que centre todos contienen ya el Nuevo Testamento hacia el año 200!!! Y tenemos uno especialmente, el Papiro 52, de más o menos el 150, que contiene ya el texto muy parecido al que se reconstruye científicamente hoy, del Evangelio de Juan 18,31-33.37-38. Este papiro se halla en la John Rylands University Library de Manchester con la signatura “Gr. Pablo 457” y es estudiable a través de cristales protectores por cualquier científico que se acredite.

La hipótesis del Señor Don Fernando Conde Torrens es absolutamente imposible y no perderé el tiempo en leer su libro.”

viernes, 9 de marzo de 2018

Hay otra visión de la mujer

Durante estos días estamos confundidas con un bombardeo constante de mensajes desde distintos ámbitos que, en un marco de desigualdad real, trae en muchos casos la confusion a nuestras mentes... hace poco leía a Anne-Marie Slaughter, asesora durante mucho tiempo de Hillary Clinton que, en un determinado momento decide dejar el Departamento de Estado, retomar su carrera como profesora universitaria  para poder pasar más tiempo con su familia. Con varios hijos adolescentes, sentía que aquel era un momento importante para educarlos, y necesitaba estar más cerca de ellos y de su marido, también profesor universitario...sin embargo su decision no fue bien recibida por otras feministas en USA. Algunas sufrieron una decepción (algo así como si “se hubiese bajado del barco”), otras reaccionaron con extrañeza (¿cómo puede una mujer de éxito, que está como bandera de la igualdad abandonar un puesto como ese para cuidar de sus hijos?
Slaughter contesta a esas objeciones, y critica un feminismo que anima a las mujeres a convertirse en “superwomen": personas capaces de prosperar en el ambiente ultracompetitivo de los grandes bufetes o las compañías tecnológicas más punteras; al feminismo que repite como un mantra el “puedes tenerlo todo”.
No es que Slaughter no crea en la inserción laboral de las mujeres, sino que piensa que más que jalearlas a “unirse para la lucha”, es hora de cambiar ciertos hábitos laborales que impiden en la práctica la conciliación entre el desarrollo profesional y la formación de un hogar. Seguir proponiendo modelos espectaculares pero inalcanzables para la mayoría, aunque sea con buena intención, produce frustración en las mujeres que no logran alcanzar ese ideal, y sensación de culpa entre las que deciden aparcar temporal o definitivamente su trabajo para dedicarse a la familia.
Slaughter propone cambiar la “mística de la competitividad” domina gran parte del mercado laboral, según la cual se ponen por encima sectores como el tecnológico, el legal o el financiero sobre otros trabajos más relacionados directamente con el servicio a otras personas como enseñar o cuidar de niños y ancianos... 
Según ella, la misma idea de liderazgo en estos sectores, donde además predominan los hombres, está estrechamente relacionada con la competitividad y con hablar más que escuchar. La solución no es que las mujeres adopten el patrón masculino, sino ir modificando poco a poco estos ambientes.

Propuestas de este estilo son las que Slaughter considera necesarias para avanzar en un feminismo que no excluya a la familia. Sin embargo, más allá de las medidas políticas concretas recomendadas por Slaughter, ella hace una apología del servicio a los demás. La sociedad, llevada por la cultura laboral imperante, ha minusvalorado las tareas relacionadas con el cuidado de otros, ya sean de la propia familia o como trabajo profesional. Es hora de revalorizarlas, facilitando que más hombres y mujeres puedan compatibilizar su trabajo con la familia, y también reconociendo debidamente (por ejemplo, en el sueldo) sectores como el de la educación, el cuidado de los niños o la atención a los enfermos.
Esta es, para Slaughter, la próxima meta hacia la que debería dirigir sus fuerzas el feminismo. 

viernes, 2 de marzo de 2018

El caso de Cristo

Lee Strobel, periodista de la crónica criminal y de juzgados del Chicago Tribune está felizmente casado con Leslie, es padre de una niña y hay otro hijo en camino. Un suceso que podía haber sido trágico acerca inesperadamente a Leslie al cristianismo, situación que descompone a Lee, pues ambos hasta la fecha se habían declarado firmemente ateos. Sus diferencias acerca de la fe podría poner en peligro la estabilidad familiar, pues se crea cierta distancia. De modo que Lee decide compatibilizar una investigación sobre un policía tiroteado por un maleante, con otra de calado diferente: quiere reunir pruebas de que la fe cristiana es una superchería, de modo que buscando hechos y pruebas con expertos, trata de demostrar que la resurrección de Jesús nunca tuvo lugar. La indagación va a suponer una fuerte conmoción en su vida.
Película basada en hechos reales, documentados por el propio Lee Strobel en un libro que se convirtió en superventas. Resulta original el planteamiento de cómo las convicciones cristianas pueden convertirse en punto de fricción en un matrimonio, y el intento de resolver él la cuestión con una investigación periodística, donde hacen falta pruebas, testigos, opiniones de expertos, como en cualquier reportaje hecho con honestidad. De este modo se realiza un acercamiento respetuoso con cualquier punto de vista, también el del no creyente, pero haciendo una exposición atractiva y bien fundamentada acerca de los motivos de credibilidad del cristianismo.
El guión de Brian Bird sigue con acierto el clásico y sólido esquema de las películas de chicos de la prensa, aquí con una doble indagación, la que el periódico ha encargado al protagonista, y una muy personal, y que puede cambiar toda su cosmovisión, el modo en que encara la existencia. E imbrica bien las cuestiones personales, el drama familiar y los motivos de fondo en el obcecamiento de Lee, que más que buscar la verdad, quiere probar que tiene razón, posición intelectual poco rigurosa que no sabe reconocer, ni siquiera ante sí mismo.
Jon Gunn, que ya antes había  dirigido películas sobre la presencia de la fe en la vida cotidiana, entrega aquí su mejor trabajo, el director ha ganado en oficio, y sabe describir los conflictos de los personajes, de Lee, bien encarnado por Mike Vogel, y de la esposa, una convincente Erika Christensen. Hay acierto en el resto del reparto, donde junto a dos ilustres secundarios cuya presencia sabe a poco, Faye Dunaway y Robert Foster, se suman otros desconocidos, como la amiga enfermera del matrimonio, que desencadena la crisis.

jueves, 1 de marzo de 2018

Moral laica y religiosa

Nuestros amigos están ocupados en señalar la superioridad moral del ateismo sobre la moral religiosa en general y judeocristiana en particular:  dicen que "la ética laica" es la única válida para todos los ciudadanos de una sociedad pluralista, mientras que cualquier moral religiosa sirve solo para quienes profesan la correspondiente fe. Además resulta imperfecta ya que la “fuente de la moralidad es una Biblia que Nosa presenta a un Dios caprichoso...” (Burriguini dixit)
Norberto Bobbio, en este articulo da algunas claves realmente interesantes: “... ¿Pero hay realmente valores laicos y valores religiosos? Si cogemos cualquier tratado de ética, difícilmente encontraremos una distinción entre valores laicos y valores religiosos. Encontraremos la distinción entre valores absolutos y valores relativos, entre valores instrumentales y valores finales, entre valores extrínsecos y valores intrínsecos, entre valores primarios y secundarios.
No existe, sin embargo, una ética laica, como tampoco existe una ética religiosa. Hay éticas laicas y éticas religiosas. Incluso en el universo de la ética cristiana hay interpretaciones diversas, entre rigoristas y laxistas. El janseanismo es rigorista y se ha contrapuesto continuamente a la moral jesuítica, considerada más laxista. También la ética budista es una ética religiosa, pero ¿cuántos contrastes hay entre cristianos y budismo respecto a los comportamientos que el uno exige o prohíbe y lo que exige o prohíbe el otro?
Hay muchas éticas laicas. Comenzando por la antigüedad, la ética estoica y la ética epicúrea, la ética de la virtud y la ética de la felicidad... Lo que distingue fundamentalmente una ética religiosa de una ética laica no son tanto los preceptos cuanto la forma de justificarlos, es decir la metaética. La prohibición de matar es justificada según la ética religiosa como un mandamiento divino; una ética laica lo justifica racionalmente. Planteado el problema en estos términos, lo que cambia no es el precepto sino el conjunto de argumentos con el que se justifica. La razón profunda de la referencia a una visión religiosa del mundo no está tanto en la exigencia de fundar un sistema moral, como en la exigencia (...) de favorecer la observancia, lo que debe inducir, entre otras cosas, a reflexionar sobre la razón por la que las éticas religiosas tienen socialmente (se comprueba bien en la mayoría de las sociedades que han existido hasta ahora) una autoridad mucho mayor que las autoridades laicas.
Lo que se necesita absolutamente en cualquier convivencia pacífica no es sólo la existencia de reglas de conducta bien fundadas, sino sobre todo su observancia. Es por tanto evidente que la apelación a Dios sirve, y la historia demuestra que sirve muy bien, no tanto para justificar la existencia de normas de conducta que hay que observar, cuanto para inducir a observarlas a aquellos a los que van destinadas. Como he tenido ocasión de decir otras veces, la apelación a Dios en un sistema ético se dirige a Dios no como legislador sino como juez. Conocer la ley moral y observarla son dos momentos muy diversos, y el segundo no sigue necesariamente al primero. El famoso dicho Si Dios no existe, todo está permitido puede querer decir dos cosas: referido al legislador significa que, si Dios está ausente, los preceptos morales no son observados; referido al juez, quiere decir que no son castigados.”