jueves, 20 de septiembre de 2018

Que alguien encienda el Cirio (Pascual?)

Otro “no articulo” de Noe, que ya se esta pareciendo al comandante Castro, ausente de continuo, pero a la vez presente a través de sus “fieles seguidores”. Esta vez el relevo lo toma el iluminado Cirio. Cuál Cirio Pascual necesitaría que alguien lo encendiese para que aportase algo de luz.

El amigo nos amenaza con una serie de 8 artículos en los que “desenmascaran pretendidos hechos, aseveraciones y creencias impuestos por la Iglesia Católica (y también otras Iglesias cristianas y otras religiones) para convencer a sus fieles de la realidad de su Dios, su infinita bondad y la prometida salvación de su rebaño…” Título de temblar… “desmitificando el mito”

Parece ser que las verdades de fe del cristianismo, los  “dogmas” de los católicos están fundamentados en exorcismos, sangre de san Genaro, etc, etc.. (¡Hay, Cirio, mientras no vuelvas a citar al “historiador” Pepe Rodriguez, que lo mas cerca que ha visto un libro de historia es en el colegio… ) Salvo la relación de los exorcismos con la verdad defendida por la iglesia de la existencia del demonio (Verdad compartida por cierto por los masones, solo que para ellos no es el demonio sino Lucifer, el principe de La Luz…) lo demás son colaterales (algunos como las apariciones de Fatima y de Lourdes reconocidos como tales por la Iglesia) y sujetos de devoción de algunos.

Pues eso,  primer panfleto sobre los exorcismos. Primero plantea una historia de las posesiones, indicando los síntomas generales de las mismas: “Estos entes se introducen en el cuerpo de la víctima y comienzan a controlar el cuerpo con gran violencia, dejando a la persona inconsciente, provocando tremendos daños y hasta incluso la muerte del individuo.” Después, en la descripción de supuestas posesiones y de las distintas enfermedades los síntomas no coinciden con eso en casi nada.
A continuación el amigo Cirio, pasa a describir hasta dos veces de modo distinto lo que la iglesia considera una posesión y un exorcismo: dice  Albertito “lo que se enseña en el catecismo de la Iglesia Católica, básicamente a los niños, acerca de las posesiones satánicas y el exorcismo (no tiene desperdicio) es lo siguiente:"El exorcismo es una antigua y particular forma de oración que hace un ministro ordenado de la Iglesia, en nombre de Jesucristo y por el poder que Jesucristo ha otorgado a su Iglesia para liberar del poder de Satanás, demonio. El exorcismo es un sacramental que sólo puede ser válidamente celebrado por un sacerdote con el permiso del obispo del lugar…” Solo copio hasta aquí porque como no entrecomilla, me pierdo sobre cuánto lo dice la  Iglesia y cuanto el propio Cirio.  Sorprendentemente cuando uno lee el catecismo, cuando se habla de los sacramentales se encuentra con lo siguiente “Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf Mc 1,25-26; etc.), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante, asegurarse , antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad “ Es decir la iglesia propone prudencia a la hora de afrontar el exorcismo, tal y como el citado por Cirio, P. Amorth apuntaba en vida y el propio cardenal Jorge Arturo Medina Estévez, “la posesión diabólica es muy poco frecuente”. 

Por eso cuando Cirio empieza a enumerar diferentes posibles explicaciones para las supuestas posesiones, parece ser que no ha leído nada de todo esto… Puede que no sepa que el primer paso que se suele seguir es descartar enfermedades siquiatricas, que en una gran parte de los casos son causa de supuestas posesiones. Cuando leo tus conclusiones me doy cuenta que  tampoco has visto el documental de Friedkin, “el diablo y el padre Amorth”, aunque resulta algo fallido debido al fallecimiento prematuro del cura es útil para acercarnos a dicha realidad…
Luz para Cirio!

viernes, 31 de agosto de 2018

La importancia de llamarse Ernesto

El ultimo post (como ya es habitual en todos) otra vez una colaboración del amigo Ernesto Hernández...
Título: “método científico para Cristianos” parece ser que pretende explicar a los cristianos en que consiste el método científico para refutar a aquellos que son defensores del creacionismo estricto: primer error, esta “teoría” es defendida solo por un pequeño porcentaje de cristianos protestantes y no es relevante respecto a la existencia o no de Dios. 

Después explica wikipedicamente los pasos que se levan a cabo en el método científico desde la observación hasta la teoría. Después damos el salto hacia la evolución para decir “la evolución es un hecho comprobado” pero Ernesto, ¡mi vida! ¿En que quedamos? ¿Es una teoría comprobada (una explicación a unos hechos que ha sido comprobada, tal y como tu dices, hasta que haya una explicación mejor) o es un hecho (algo que ya ha ocurrido) comprobado?
Creo que te falta aquello de lo que tanto os vanagloriáis: método. La evolución biológica es un hecho, no una teoría: los datos de que se dispone la prueban, incluidos los fósiles y las genealogías moleculares. La  explicación darwiniana de la evolución por selección natural es una teoría, corroborada cada vez más por los descubrimientos de la ciencia moderna, hasta el punto de que apenas hay lugar para otras explicaciones plausibles, en el actual estado de nuestros conocimientos. Sin embargo, algunos detalles del proceso, por ejemplo, si la evolución es gradual o procede por saltos, siguen siendo objeto de vivo debate. Pero prácticamente todos los expertos coinciden en que las poblaciones se diversifican en virtud de cambios genéticos, o mutaciones, esencialmente aleatorios, y que las nuevas formas resultantes son posteriormente cribadas por selección natural en función de su superioridad relativa para sobrevivir y reproducirse en las condiciones predominantes.
Hasta aquí la ciencia.
El salto a decir que la evolución darwiniana... significa que la vida humana es un accidente cósmico, que no obedece a ningún designio, es una teoría filosófica, y que en ningún caso viene impuesta por hechos científicos. 

Ernesto, es importante ser preciso cuando se explican las cosas....

jueves, 2 de agosto de 2018

¿Campeones?

Se estrenó en España hace unos meses con bastante éxito la película de Javier Fesser titulada Campeones. En ella un entrenador de baloncesto que se encuentra en una crisis personal, se enfrenta a la tarea de dirigir un equipo de basket de chicos con algún tipo de deficiencia psíquica. La película ha tenido un éxito de publico bastante grande hoy ha sido vista con buenos ojos por la critica. Sin embargo, a pesar de esta visión simpática y tierna de la película, lo cierto es que tanto en España como en los países occidentales, este tipo de personas lo tienen cada día mas crudo, no tanto para el día a día, sino para nacer. Porque la realidad es que en los países desarrollados ese eufemismo eugenésico es aplicado a este tipo de personas para liquidarlas. España es el país del mundo con menor ratio de síndromes de down, (se ha pasado de 15 por cada 10000 nacimientos en 1976 a unos 5 por cada 10000 nacimientos).
En este marco, cabría preguntarse cual es la razón sociológica del éxito de la película ¿Podría se que nuestra conciencia se sienta interpelada por el exterminio silencioso de estas personas? ¿O quizá sea un desahogo almibarado para olvidar el exterminio?... Es curioso que a la vez de promover la masacre de niños deficientes en estado de gestación, en España se den campañas de sensibilización sobre lo maravillosos, risueños y capaces que resultan ser estos niños... niños que por cierto están allí en su gran mayoría porque los diagnósticos prenatales no acertaron a detectar su deficiencia. Es decir por un lado postureamos sobre lo buenos que son, mientras que en la oscuridad los cortamos en pedacitos...

Pues bien quizá convenga llamar cada realidad con su nombre: estos niños son deficientes y es mentira que sean tan capaces como el resto. Para recibir a estos niños que tachamos del libro de la vida mientras nos emocionamos en el cine, es preciso ser un poco héroes: para cuidar de un niño deficiente hay que desechar algunos principios de época como esa libertad entendida como una exhalación de lo que me apetece, y agarrarse a la libertad que es responsabilidad y exigencia. A la vez el cuidado de estos niños trae recompensas que difícilmente alcanzaremos con las baratijas que nos ofrece nuestra sociedad, pero hay que atreverse a amar y a recibir amor con una fuerza que asusta a nuestra generación. es natural entonces que esta generación tenga que ahogar su hipocresía con películas sentimentales.

miércoles, 11 de julio de 2018

Los prejuicios de Einstein


(Colaboración) El presente artículo no es obra de la fabulosa Miss Veneno, es una colaboración especial de un admirador...

Los científicos reciben en nuestro tiempo la veneración que rodeaba a los santos en otras épocas. Una vez encumbrados en el altar de la opinión pública, su dedicación a la ciencia garantiza que cualquier idea suya llevará el sello de la racionalidad y la apertura de mente.
Por eso ha causado asombro y decepción la publicación de unos diarios inéditos escritos por Albert Einstein durante sus viajes por Asia en 1922 y 1923. En ellos vuelca sus impresiones con la sinceridad de quien está escribiendo para sí mismo, y al hablar de la gente que conoce en sus viajes manifiesta opiniones muy despectivas, especialmente de los chinos. ¿Es posible que un científico que debe atender solo a la realidad empírica tenga prejuicios xenófobos?
Einstein describe al pueblo chino como “laborioso, sucio y obtuso”. Le asombra que “incluso los obligados a trabajar como caballos nunca dan la impresión de un sufrimiento consciente. Es un peculiar pueblo gregario (…) a menudo más parecido a autómatas que a personas”. Incluso los niños le parecen “torpes y sin gracia”. Encuentra que las mujeres apenas se distinguen de los hombres, lo que le lleva a preguntarse cómo los hombres pueden encontrar a las mujeres suficientemente atractivas para tener hijos con ellas. Y después de anotar la “abundante descendencia” de los chinos, advierte que “sería una pena si estos chinos suplantaran a todas las otras razas. Para gente como nosotros, solo pensarlo es realmente deprimente”.
Para la sensible corrección política de hoy, el pensamiento del genio huele a racismo, misoginia y xenofobia. Si lo llega a decir ahora en Twitter, ya le habrían retirado el Premio Nobel. 
Sin embargo, en los años 30 Einstein había denunciado en público  el racismo como “una enfermedad del hombre blanco”, y advertía que “al ser yo judío, quizá puedo comprender mejor y hacerme cargo de cómo los negros sufren la discriminación”. Con todo esto podríamos acusar a Einstein de hipocresía, pero no hay razones para creerlo así:  Por un lado podía creer en la injusticia de la discriminación racial en EE.UU. o la que sufrían los judíos en esa época, y a la vez experimentar rechazo hacia un pueblo oriental poco desarrollado y de costumbres extrañas, al que solo conoció en breves estancias en Shanghái y Hong Kong. Advertir que un genio de la ciencia puede compartir prejuicios de su tiempo, no debería ser motivo de asombro. The Guardian –uno de los guardianes de la corrección política actual– ha dedicado incluso un editorial al caso para lamentar esta mezcla inesperada de “pensamiento libre y actitudes retrógradas”. El diario británico comenta: “Estas ideas eran predominantes en su tiempo, aunque no universales. Los prejuicios corrientes influyeron claramente en Einstein. Una evolución personal podría haberle ayudado a superarlos. Pero es llamativo que tuviera una visión tan corta y expresara tal intolerancia mientras que en su trabajo fue tan libre y desafió tan enérgicamente los prejuicios”. En cambio, a los propios chinos les indigna mucho menos. La mayoría de los comentaristas en Internet reconocen que Einstein viajó a China en los primeros años de la República, después de siglos de gobierno imperial, y que entonces el hambre, la pobreza y la suciedad eran endémicos. A fin de cuentas, la narrativa del régimen comunista siempre ha defendido que China era un caos antes de que ellos se hicieran con el poder.  Otros comentaristas chinos dicen que estos diarios demuestran que Einstein, como cualquier hombre, puede tener ideas superficiales. Efectivamente, a veces tendemos a olvidar que ser un científico destacado en una rama de la ciencia no vacuna contra las opiniones tontas en campos que escapan al propio conocimiento. Así se comprueba a menudo cuando un científico habla sobre política, religión o filosofía, sin haber explorado a fondo estos problemas.
Basta recordar la polvareda que levantó en 2007 el premio Nobel James Watson –descubridor con Francis Crick del ADN– cuando declaró al Sunday Times a propósito de los negros: “Todas nuestras políticas sociales están basadas en la idea de que su inteligencia es la misma que la nuestra, pero en realidad todas las pruebas señalan lo contrario”. Entonces le llovieron las críticas lamentando que un destacado biólogo molecular hiciera comentarios “acientíficos y sin ninguna base”, y recomendándole que no entrara en temas para los que no estaba cualificado. Pero lo mismo se le podría haber dicho mucho antes, cuando su visión materialista de la existencia humana le movía a descalificar las creencias religiosas o a defender la eugenesia.
La tendencia contemporánea a convertir a los hombres de ciencia en iconos mediáticos y oráculos del pensamiento es por lo menos paradójica. Como ha comentado Philip Ball,  es extraño que esto ocurra en una profesión que defiende con firmeza que lo que cuenta son las ideas, no las personas.
Pero la historia enseña que es posible otro tipo de mirada sobre civilizaciones ajenas. Cuatro siglos antes de que Einstein viajara por Asia, llegó a China el jesuita Matteo Ricci (1552-1610), que iba a convertirse en un hombre clave en el diálogo entre China y Occidente. A él y a sus compañeros jesuitas les movía el afán de evangelizar,  pero al mismo tiempo supieron apreciar y respetar la cultura china. Adoptaron el traje y las costumbres de los letrados chinos. Aprendieron su lengua, y Ricci fue capaz de escribir en chino obras originales. Su intensa labor en China supuso el mayor intercambio cultural entre Europa y China hasta aquel momento.
Ricci era también un científico, y gracias a él entraron en China conocimientos técnicos, matemáticos y cartográficos de Europa. Enseñó matemáticas a intelectuales chinos. Tradujo al chino los conceptos occidentales de geometría euclidiana y trigonometría; publicó los primeros mapas de China disponibles en Occidente, y en 1602 su Mapamundi, que tuvo en gran éxito en China que se consideraba –y así la puso Ricci– el “País del Centro” (el etnocentrismo no es una manía solo occidental). Así se ganó la estima de los intelectuales chinos, e incluso del mismo emperador. Y también fue el fundador de las primeras comunidades católicas en el país.
Ricci no fue un viajero como Einstein, sino que fue a China para quedarse y asimilarse a su civilización. Si vio a los chinos de un modo distinto a lo que más tarde vería Einstein fue sin duda por sus “prejuicios religiosos”, que le llevaron a pensar que también los chinos eran hijos de Dios, capaces de abrazar la fe, sin abandonar su cultura. No los consideró un pueblo inferior, sino unos interlocutores valiosos para establecer un puente entre Europa y Oriente. A veces la luz de la fe ilumina al otro mejor que la luz de la Ilustración.

viernes, 22 de junio de 2018

¿Tolerancia ?

Varias polémicas recientes surgidas en torno a actuaciones de cristianos (véase  la sentencia sobre el pastelero denunciado por negarse a hacer una tarta en una boda gay) vienen a señalar un hecho que por otra parte no parece claro a todo el mundo y menos a los habituales tertulianos Noemitas: “la obligación de no discriminar alcanza a todos”. Por eso cabría preguntarse en la sociedad actual ¿puede presumir de tolerante una sociedad que recela de la intervención de los cristianos en los debates públicos sobre cuestiones éticas o sociales controvertidas?.

Sobre el doble rasero que a veces emplean los medios advirtió hace unos meses el diputado británico Jacob Rees-Mogg, católico practicante, cuando los presentadores del popular programa Good Morning Britain,le atosigaron mientras intentaba explicar por qué se oponía al aborto en todas las circunstancias y al matrimonio entre personas del mismo sexo: “Está muy bien decir que vivimos en un país multicultural, hasta que te declaras cristiano y mantienes las posturas tradicionales de la Iglesia católica” decía… poco después, en mayo de este año la presentadora del programa Daily Politcs, Jo Coburn, le pregunta insistentemente si tiene algún problema con el hecho de que una diputada de su mismo partido, Ruth Davidson, prometida con una mujer, esté esperando un hijo. Rees-Mogg responde que, como padre de seis hijos, no puede más que alegrarse por la noticia del próximo nacimiento, si bien no comparte su concepción del matrimonio. Y tras elogiar las cualidades profesionales de su colega, pregunta a la periodista: “¿Usted cree en la tolerancia religiosa?”.
Coburn se pone entonces a la defensiva y le dice que sí, que ella solo lo pregunta por quienes insinúan que su fe le descalifica para ocupar un cargo público… Aquí el diputado aprovecha para transmitir un mensaje claro y distinto: “Este país cree en la tolerancia religiosa. Somo un país muy tolerante. La práctica de la tolerancia supone tolerar cosas con las que no estás de acuerdo y no solo aquellas con las que estás de acuerdo. El problema de la tolerancia liberal es que ha llegado a un punto en que solo tolera lo que le gusta


Sobre el riesgo del laicismo intolerante lleva años advirtiendo el Observatorio de Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos, con sede en Viena. En su último informe, describe más de 500 casos ocurridos en Europa durante 2016 y 2017. No están todos, pero sí da una idea de las formas más o menos sofisticadas que puede adoptar la intolerancia en las democracias liberales.
En esta edición ha refinado la terminología, pero mantiene lo esencial: la denuncia de una hostilidad anticristiana con tres vertientes distintas. Una social, que incluye desde estereotipos y burlas denigrantes hasta agresiones físicas y vandalismo en iglesias; otra legal, referida a las restricciones a derechos fundamentales como la libertad religiosa y de conciencia, la libertad de expresión o el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones; y otra política, centrada en los intentos de marginar las manifestaciones públicas de la fe.

En la misma línea, un informe del gobierno escocés (Religiously Aggravated Offending in Scotland 2016-17) refleja cómo la animosidad hacia los católicos ha ganado fuerza en Escocia. Durante 2016 y 2017, el 57% de las víctimas de delitos de odio por motivos religiosos fueron católicos (384 denuncias); les siguen los protestantes (165), los musulmanes (113) y los judíos (23).

Aquí es interesante subrayar una de las recomendaciones que hace en su informe el Observatorio de Intolerancia y Discriminación contra los Cristianos: “Los líderes de opinión deben ser conscientes de su responsabilidad en la configuración de un discurso público tolerante y abstenerse de estereotipar de forma negativa a los cristianos o al cristianismo”.
En este sentido, los obispos escoceses han protestado porque un proyecto gestionado por BBC Escocia difundió en su página de Facebook un vídeo que presentaba a los católicos como odiadores de los gays mientras parodiaba de forma ofensiva la Eucaristía.
Del mismo modo que uno no espera encontrarse en la BBC una parodia denigratoria de los homosexuales, tampoco deberían sufrirla los católicos. Salvo que admitamos a la claras que la hostilidad anticristiana se ha convertido “en el último prejuicio socialmente aceptable en Europa”, como advirtió hace casi una década la jurista y política alemana Gudrun Kugler.

En cualquier caso todo esto no puede resultar una novedad para aquellos que haciendo gala de su “tolerancia”  diariamente con sus comentarios y publicaciones fomentan esta intolerancia en APC…

viernes, 8 de junio de 2018

La falacia del libre Bodrio

Definitivamente Echeverria se nos ha venido arriba...

Yo no se si Noe está ya como el comandante Castro o como el brazo incorrupto de la Santa, pero últimamente no aparece ni para escribir pequeños comentarios y ha delegado en su camarilla de pretorianos para escribir: "La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina" no entiendo que diga el habitual escritor, cuando ya, de hecho es muy poco habitual...
En cualquier caso el es el dueño, el manda...

Pero dicho esto tenemos que los habituales ahora pueden ser, dado que "Jasi" después de unos patinazos históricos ha renunciado a la colaboración, Cuerno, que pretende "colocar" los artículos que nadie lee de su blog, Burroghini, que copia artículos del online de Mendoza, como tema de doble colaboración... como tiene menos vergüenza torera que Jasi, no tiene problema en responder hasta que se le acaban las respuestas...  pero el premio se lo lleva Echeverría, con unos artículos que se deshacen en trocitos según los lees en los que da datos históricos inconsistentes con perlas como
"Sabemos que los libros del llamado Nuevo Testamento se elaboraron varios años después de Cristo.  No hay claridad acerca de los autores.  Una de las muchas hipótesis es la que entrega el escritor e historiador Fernando Conde Torrens: Lo hicieron Eusebio de Cesarea y Lactancio, en los años 302 de la Era Común..." Pero no solo se atreve con la historia, sino que también novela sus artículos "El pequeño Jesús gimotea, solloza, patalea y se lamenta, porque  se consideraba un dechado de sabiduría, ante los desarrapados e ignorantes, además deseaba ver a su hermano rebelde (Satán).  Pero la suerte estaba echada. No había nada que hacer..." es lo que tiene, te dan un teclado que aporrear y ¡te creces!
el ultimo, ya con el cerebro fundido es una colaboración sobre el libre albedrío, que según el es una invención de los judeocristianos (por cierto Echeverría, tienes un tufillo antisemita en todos los artículos que yo me lo haría mirar... te puede dar problemas). Total, el resultado es escribir una colaboración, bueno escribir es un decir porque el 80% del articulo es un copy- paste de citas de Baruch Spinoza y de D'Holbach de la wikipedia ... por no hacer, ni siquiera ha acudido a Schopenhauer o a Nietzsche... para justificar su determinismo...

Por eso Noé, tu que me lees, una recomendación: para el proximo de "Echeve" no pongas "El autor de esta publicación es "Rubén Echeverría Lastarria", fiel seguidor y colaborador de este Blog" sino mas bien : "Echeverria copió unas citas y las ha condimentado un poquito"...
en las respuestas, después salvo alguna contestación a sus allegados, delega las respuestas principalmente en Jasi... mmmm... un poco sospechoso

viernes, 1 de junio de 2018

cincuenta años de la Humanae Vitae (colaboración)


El presente artículo NO es original mío, sino producto de una colaboración de Mary Eberstadt.


Resulta especialmente pertinente centrarse en “la realidad” hoy, cuando conmemoramos el 50 aniversario de una de las más famosas –y más desacreditadas– encíclicas de la historia de la Iglesia. Hace diez años, con motivo de su 40 aniversario, First Things publicó un ensayo mío titulado “Vindicación de la Humanae vitae”. Allí, haciéndome eco de datos de distintas procedencias –la sociología, la psicología, la historia, la literatura feminista actual–, decía: “Al cabo de cuatro décadas, se han confirmado empíricamente las predicciones de la encíclica, y además como pocas predicciones se han confirmado: de una manera que sus autores no podían haber previsto, con datos que no se conocían cuando se escribió el documento, por investigadores y especialistas que no tenían interés en su contenido, en ocasiones sin percatarse de ello y, también, por muchos que se declaraban contrarios a la Iglesia”.

Por supuesto, que haya pruebas abundantes no significa que un argumento válido sea aceptado siempre por todos, ni hace cincuenta años, ni hace diez, ni tampoco hoy. La promesa de sexo a petición, sin límite o restricción alguna, tal vez sea la tentación colectiva más fuerte que la humanidad haya conocido nunca. De ahí que, desde la invención de la píldora anticonceptiva, haya sido implacablemente feroz la resistencia contra la moral cristiana tradicional y que muchos, tanto en el mundo laico como clerical, quieran rebajar su exigencia. Como dijeron en son de queja los discípulos de Jesús al escuchar su doctrina sobre el matrimonio, esas enseñanzas son “duras”.


Pero confundir “duro” con “falso” es un grave error. Si en verdad hemos de tener en cuenta la “realidad”, de la gran cantidad de pruebas empíricas de las que hoy disponemos solo es posible sacar una única conclusión. Es la misma conclusión que era visible hace diez años, y que seguirá siéndolo dentro de otros diez, o cien, o doscientos años. Y es simplemente esta: el documento más vilipendiado a nivel mundial del último medio siglo, y el más ampliamente incomprendido, es, al mismo tiempo, el más profético y el que más nos ilustra sobre nuestra época.

Pero dejemos de lado la teología, la filosofía, la ideología y demás abstracciones, y reflexionemos, una por una, sobre las nuevas realidades que vindican la Humanae vitae.

De la píldora al aborto

La primera realidad empírica es la siguiente: con independencia de las intenciones de las personas, ateniéndonos solo a hechos no controvertidos, resulta meridianamente claro que la difusión de la anticoncepción ha conducido a un aumento de los abortos. Hace cincuenta años, cuando se empezaron a generalizar los anticonceptivos, muchas personas de buena fe defendían su uso justamente porque creían que harían superfluo el aborto. Pensaban que un control responsable de la natalidad prevendría el aborto. Pero las estadísticas de las que disponemos desde los sesenta demuestran que esta extendida idea era errónea.
Muchos estudios realizados en el campo de las ciencias sociales durante las pasadas décadas han intentado explicar lo que, para la opinión secular común, resulta asombroso. Tras la invención de la píldora, la anticoncepción, lejos de prevenir el aborto y los embarazos no deseados, ha traído justo lo contrario: el uso de anticonceptivos, los abortos y los nacimientos extramatrimoniales se dispararon simultáneamente.


En un artículo publicado hace 22 años en el Quarterly Journal of Economics, los economistas George A. Akerlof, Janet L. Yellen y Michael L. Katz resumían así la imprevista conexión entre esos fenómenos:
“Antes de la revolución sexual, las mujeres tenían menos libertad, pero se esperaba que los hombres cargaran con la responsabilidad de su bienestar. Hoy las mujeres son más libres de elegir, pero los hombres se han concedido la correspondiente opción. “Si ella no está dispuesta a abortar o a usar anticonceptivos –puede pensar un hombre–, ¿por qué debería yo sacrificarme para casarme con ella?”. Al convertir el nacimiento del hijo en una opción física para la madre, la revolución sexual ha convertido el matrimonio y el sostenimiento de los hijos en una opción social para el padre.”
En otras palabras, los anticonceptivos han traído consigo más embarazos y más abortos porque han servido para debilitar la creencia de que los hombres tienen igual responsabilidad en caso de embarazo imprevisto. Como explicaron esos economistas, la anticoncepción redujo drásticamente los incentivos que tenía el hombre para casarse, también para casarse con su novia embarazada. En el nuevo orden pospíldora, el embarazo se ha convertido en responsabilidad de la mujer, y si el control de la natalidad “falla”, eso no es problema del hombre.

Neocolonialismo anticonceptivo

En África, tanto protestantes como católicos tienden a mantener la tradición moral cristiana. En este caso, como en otros de la historia, es válida la máxima del sociólogo Laurence R. Iannaccone: “La Iglesias estrictas son sólidas” y, por lo mismos, las laxas son débiles. Es en esa África que mantiene una mentalidad más tradicional donde el cristianismo ha crecido exponencialmente desde la publicación de la Humanae vitae, a diferencia de lo que ha ocurrido en aquellos lugares del mundo donde los líderes religiosos se han esforzado, y se esfuerzan todavía, por cambiar la tradición.
Así lo reflejaba un estudio realizado por el Pew Research Center hace unos años: “Los africanos se encuentran entre los más contrarios a la anticoncepción por razones morales”. Un número importante de personas en Kenia, Uganda y otros países subsaharianos –católicos o no– considera que el uso de anticonceptivos “es moralmente inaceptable”. En Ghana y Nigeria, más de la mitad de la población mantiene esta opinión. A pesar de décadas de proselitismo anticonceptivo, muchos en África se han resistido al empeño de aquellos reformadores que pretendían incorporarlos al programa sexual del Occidente secularizado, programa que incluye, por supuesto, disminuir el número de africanos.
Obianuju Ekeocha, de origen nigeriano, autora del reciente libro Target Africa: Ideological Neo-Colonialism of the Twenty-First Century, escribió una carta abierta a Melinda Gates, cuya fundación dedica gran cantidad de recursos a difundir el control de la natalidad entre los africanos: “Veo que estos 4.600 millones van a traernos desgracias. Van a traernos maridos infieles, calles sin el alboroto inocente de los niños y una vejez sin el tierno y cariñoso cuidado de nuestros hijos”.
Los africanos no son los únicos destinatarios de esa campaña empeñada en difundir una Weltanschauung anticonceptiva. Pero tampoco son los únicos en rechazar la idea de que el mundo sería mejor si fueran menos. Un destacado hindú afirmó algo similar hace años: “Es ingenuo creer que el uso de anticonceptivos se limitará meramente a regular la descendencia. Solo hay esperanza de una vida decente mientras el acto sexual esté claramente relacionado con la transmisión de la vida”. El autor de tales afirmaciones no es Elizabeth Anscombe, quien en su famoso ensayo de 1972, Contraception and Chastity, defendió la Humanae vitae con esa misma lógica. Quien así hablaba era Mahatma Gandhi, otro no católico que coincidía con las razones que subyacen en las enseñanzas morales del cristianismo. “Insto a quienes defienden el uso de métodos artificiales a que piensen en las consecuencias”, señaló en otro lugar. “Es probable que el amplio uso de esos métodos lleve a la disolución del vínculo matrimonial y al amor libre”.
También está bien fundado el miedo a que las “autoridades públicas” puedan “imponer” esas técnicas al pueblo, como advertía la propia encíclica. Esto es lo que ha ocurrido, evidentemente, en China, con su larga e inhumana política del hijo único, repleta de abortos forzados y esterilizaciones involuntarias. En Estados Unidos y otros países occidentales, donde se ha querido lograr ciertos objetivos mediante el control obligatorio de la natalidad, se ha usado un tipo de coerción más suave. Por ejemplo, en los noventa y años posteriores, algunos jueces norteamericanos respaldaron la implantación de anticonceptivos de larga duración en mujeres que habían sido condenadas por la comisión de delitos. La coacción implícita que conlleva esta medida provocó la crítica, entre otras organizaciones, de la American Civil Liberties Union: “Los recientes intentos de obligar a las mujeres a usar Norplant nos retrotraen a un período de racismo abierto y eugenesia”, dijo...

En perjuicio de las mujeres

La realidad número tres está relacionada con la situación de la mujer moderna. La anticoncepción, se afirmaba y se sigue afirmando repetidamente, hará a las mujeres más libres y más felices que nunca. ¿Es así? Las pruebas apuntan a lo contrario, desde las que, aportadas por las ciencias sociales, indican que la felicidad femenina en Estados Unidos y Europa ha descendido con el transcurso del tiempo, hasta las frecuentes lamentaciones del feminismo académico y el popular, pasando por el creciente temor entre mujeres no creyentes de que casarse se haya vuelto imposible y tengan que resignarse a vivir solas. Diez años después de que en mi artículo documentara estas tendencias, hay muchos más datos a favor de que la Humanae vitae acertaba al divisar un aumento inminente de la división entre los sexos. Veamos dos ejemplos. Consideremos de pasada dos instantáneas ilustrativas.


En 2012, la división inglesa de Amazon dio a conocer que Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James, había superado en ventas a los libros de Harry Potter, de J.K. Rowling, y se había convertido en el libro más vendido de toda su historia. Este fenómeno muestra la extraordinaria demanda comercial a la que ha dado lugar el interés de las mujeres por la historia de hombre un rico y poderoso que humilla, acosa y ejerce violencia contra ellas una y otra vez.
El sadomasoquismo es un tema destacado en otros ámbitos de la cultura popular, también en la femenina. En relación con la industria de la moda, John Leo señaló: “Me di cuenta por primera vez de la conexión entre moda y pornografía en 1975, cuando la revista Vogue publicó siete fotos de un desfile de moda en las que aparecía un hombre en albornoz golpeando a una modelo que gritaba vestida con un precioso mono rosa (marca Saks, 140 dólares; foto: Avedon)”. Bazaar, de Harper, ha señalado algo parecido: “Mucho antes de que llegara la fiebre por Cincuenta sombras de Grey, los diseñadores ya se inspiraban en el BDSM. Desde auténticas fustas hasta todo tipo de ataduras para cintura, muñecas y tobillos –por no mencionar la abundancia de cuero–: sin duda, Christian Grey se sentiría orgulloso”.
La violencia contra la mujer, tanto implícita como explícita, satura los videojuegos y, naturalmente, la pornografía. También en la música pop se ha extendido ese estilo sadomasoquista; cada vez son menos las cantantes famosas que no han rendido tributo a la pornografía y al sadomasoquismo. ¿Por qué tantas mujeres subvencionan esa imagen femenina de subyugación e inferioridad en una época en que su libertad es mayor que nunca? ¿Acaso nos enseña el éxito de Cincuenta sombras de Grey que los hombres son tan difíciles de conquistar que se ha de emplear cualquier medio para atraerlos, por degradante que sea?

Depredación sexual

La alegría tampoco abunda en otra de las realidades pospíldora: los escándalos sexuales de 2017 y 2018, y el movimiento #MeToo. Es como si la revolución sexual hubiera dado carta blanca a la depredación. Esto no es un juicio teológico, sino empírico, y fue en parte vaticinado por el teórico social Francis Fukuyama. En La gran ruptura (1999) señala algo importante, que hace eco a la Humanae vitae, aunque su análisis es totalmente secular:
Uno de los más grandes fraudes perpetrados durante la Gran Ruptura fue la idea de que la revolución sexual era neutral desde el punto de vista del género y que beneficiaba por igual a hombres y mujeres… De hecho, la revolución sexual sirvió a los intereses del hombre y al final impuso fuertes límites a los logros que, de otro modo, las mujeres podrían haber alcanzado al liberarse de sus roles tradicionales.
Casi veinte años después, esta afirmación resulta irrefutable. Los escándalos de los abusos demuestran que la revolución sexual democratizó el acoso. Ya no es necesario que un hombre sea rey ni amo y señor del universo para abusar impunemente de una mujer o asediarla de modo implacable, repetido y persistente. Basta un mundo en el que se suponga que las mujeres usan anticonceptivos, es decir, el mundo que tenemos desde los años sesenta, el mundo que la Humanae vitae supo ver.
¿Que fue de la superpoblación?

Esto nos lleva a otra realidad: cincuenta años después de la revolución sexual, uno de los temas más urgentes y cada vez más importantes para los expertos no es la superpoblación, sino la baja natalidad. Hace diez años hice un repaso de las pruebas que demostraban que las advertencias contra la superpoblación de finales de los sesenta eran puro alarmismo. No por simple casualidad resultaron ser ideológicamente útiles a los activistas que querían que la Iglesia cambiara su doctrina moral. Como señalé en 2008:

La teoría de la superpoblación está tan desacreditada científcamente, que este mismo año, el historiador de la Universidad de Columbia Matthew Connelly ha podido publicar Fatal Misconception: The Struggle to Control World Population y recibir una crítica favorable en Publishers Weekly: todo en beneficio de la que probablemente sea la mejor refutación de los argumentos antinatalistas que, según confiaban algunos, socavarían las enseñanzas de la Iglesia. Lo que es una ratificación tanto más satisfactoria, cuanto que Connelly pone interés en dejar constancia de su hostilidad personal a la Iglesia católica… Fatal Misconception es una prueba incontestable de que el circo de la superpoblación, que se utilizó para intimidar al Vaticano en nombre de la ciencia, fue desde el principio un error grotesco.
Epidemia de soledad

La pasada década ha dejado las cosas claras. No es solo que la “superpoblación” sea una quimera ideológica que se tambalea, sino que se ha verificado lo contrario. Un gran número de personas, especialmente en Occidente, cada vez más gris y estéril, están sufriendo lo que los especialistas en esas sociedades afligidas denominan la “epidemia” de soledad.
Este fenómeno no toma por sorpresa al Papa Francisco, que en una entrevista con el diario La Repubblica en 2013 dijo que la “soledad de los mayores” constituía uno de los peores “males” del mundo actual. Cincuenta años después de la píldora –y, sin duda, a causa de ella– se está extendiendo la soledad por los países del planeta que disfrutan de una mejor situación económica.
A finales del año pasado, The New York Times publicó una desgarradora historia sobre la carestía de nacimientos:
4.000 muertes en soledad en una semana… Cada año, japoneses ancianos mueren sin que nadie lo sepa y sus vecinos se dan cuenta después únicamente por el olor.
La primera vez que ocurrió, o al menos la primera que atrajo la atención del país, el cadáver de un hombre de 69 años que vivía cerca de la señora Ito llevaba tres años tendido en el suelo, sin que nadie se hubiera percatado de su ausencia. Su alquiler y sus recibos se abonaban automáticamente con cargo a su cuenta bancaria. Finalmente en 2000, cuando se agotaron sus ahorros, las autoridades fueron al apartamento y encontraron su esqueleto junto a la cocina –su carne había sido pasto de gusanos e insectos–, a unos pocos metros de sus vecinos de al lado.
El artículo prosigue: “El extremo aislamiento de los ancianos japoneses es tan común que ha hecho nacer toda una industria especializada en limpiar los apartamentos donde se encuentran restos en estado de descomposición”. Según otro reportaje reciente, publicado por The Independent, las empresas de limpieza están en auge y las compañías de seguros ofrecen pólizas para cubrir a los caseros en el caso de que algún “solitario” fallezca en su propiedad.

Japón es solo uno de los países que se enfrentan al cambio demográfico pospíldora. “La soledad se está convirtiendo en un fenómeno común en Francia”, señalaba Le Figaro hace unos años. El artículo, que citaba un estudio sobre la nueva “soledad” publicado por la Fondation de France, menciona la causa principal de ese fenómeno: “la ruptura familiar”, especialmente el divorcio. También un estudio sobre “Predictores sociodemográficos de soledad entre adultos en Portugal” coincidía en que el divorcio aumenta la probabilidad de la soledad, aunque no se planteaba si tener hijos podía mejorar la situación. Por extraño que parezca, se pueden leer muchos estudios sobre la soledad sin encontrar referencia alguna a los hijos, una omisión sorprendente que dice mucho de nuestra época.

Sin hijos

La cultura secular se está percatando de ello. En Suecia, un documental de 2015, La teoría sueca del amor, cuestionaba el predominio del ideal de “independencia” en el país. Parece más maldición que dicha cuando hoy la mitad de los suecos viven solos. Como señalaba un reportaje:
Un hombre se encuentra solo en su piso. Lleva muerto allí tres semanas: no se dan cuenta de su desaparición hasta que aparece un olor nauseabundo en los pasillos de la comunidad. Cuando las autoridades suecas estudian el caso, descubren que el difunto no tenía familiares cercanos ni amigos. Con toda probabilidad, llevaba años viviendo solo, y pasaba horas sentado sin compañía frente al televisor u ordenador. Después de un tiempo, se llega a saber que tenía una hermana, pero no pueden localizarla… Resulta que tenía mucho dinero en el banco. Pero ¿de qué sirve eso si no se tiene a nadie con quien compartir?
Y ocurre lo mismo en Alemania. En un artículo publicado en Der Spiegel, titulado “Solos a millones: Una crisis de aislamiento amenaza a los ancianos alemanes”, el Centro de Gerontología de ese país informa:
Más del 20% de los alemanes mayores de 70 años están en relación habitual con una sola persona o con ninguna. Uno de cada cuatro recibe visitas de amigos o conocidos menos de una vez al mes, y casi uno de cada diez, nunca. Muchas personas mayores no tienen a nadie que se dirija a ellos por su nombre de pila o les pregunte cómo están.


Tal pobreza humana es la que abunda en las sociedades inundadas de riqueza material. Tampoco supieron prever esto quienes en 1968 argumentaban a favor o en contra de la Humanae vitae. Sin embargo, lo que indudablemente vincula estas trágicas situaciones es la revolución sexual, que por la década de los setenta iba a todo gas en los países occidentales, aumentando las tasas de divorcio, reduciendo los índices de nupcialidad y vaciando cunas. No hace falta ser demógrafo para relacionar estos fenómenos; nos basta la realidad que está ante nuestros ojos. Como resumió agudamente una víctima en Der Spiegel:

Aparte de los pájaros, ya casi nadie visita a esta anciana. Erna J. tiene el pelo blanco y un aparato ortopédico negro en sus piernas; como muchas personas de su edad, está sufriendo una soledad extrema. Nació poco después de la II Guerra Mundial y se mudó a este apartamento hace cincuenta años. Diez años después, murió su marido. Ha sobrevivido a sus hermanos y cuñadas. Su marido no quería tener hijos: “Debería haberle insistido” –dice esta excocinera–. Si lo hubiera hecho, tal vez hoy no estaría tan sola”.

lunes, 30 de abril de 2018

La utopia Noemita

La presente publicación fue escrita y elaborada por una colaboradora y amable lectora de este Blog. Este artículo NO fue escrito por Noé Molina (cada vez menos habitual escritor y responsable del sitio ateismo para cristianos)...


En los últimos tiempos, aunque sin ser expresado de modo concreto que el mundo “marcha adelante: El Progreso es inevitable y vamos hacia un mundo mejor.  Se alude, en términos muy generales, a la exigencia de libertad y fraternidad que, emanada de las revoluciones francesa y americana, marchaba hacia la democracia ideal, una vez superada la oscuridad de la Edad Media y la opresión de la religión. Sin embargo algunos accidentes el siglo pasado hicieron tambalearse esa opinion general: la gran Guerra Primero, el fascismo y el nazismo después, la Segunda Guerra Mundial... superado este periodo asistimos a hundimiento del comunismo y al resurgimiento del capitalismo, al avance de los fundamentalismo islámicos, a los estados pseudo dictatoriales, etc.. hoy en día todavía en un mundo tolerante y amistoso todavía hay decenas de millones de seres humanos viviendo en régimen de esclavitud... Todo esto nos hace pensar si realmente esa promesa de un futuro mejor, repetida hasta la saciedad por la progresía tiene algo de cierto: El mundo no va a ninguna parte, en el sentido en que lo decían los viejos optimistas progresistas o los viejos pesimistas reaccionarios. No va hacia el mundo feliz que  Huxley describió, odiándolo, ni hacia la nueva utopía que  H. G. Wells pintó en su obra...

El mundo no mejora en general ni en general empeora. El mundo  hace una cosa: tambalearse. Abandonado a su suerte, no llega a ninguna parte, aunque puede mejorar en algunos aspectos y empeorar en otros. Pero, en sí mismo, eso no es un progreso: la vida no es una escalera, es un columpio.

Por decir esto, la Iglesia Católica ha sido despreciada durante más de cuatrocientos años. La Iglesia nunca sostuvo que los males pudieran ser o no tener remedio, o que las comunidades pudieran ser o no ser felices, o que no valiera la pena ayudarlas en cosas materiales, o que es bueno que se practiquen las buenas formas, que la gente viva mejor o que haya menos delitos. Lo que sí dijo es que no debemos contar con que la gente vaya a vivir mejor o con que disminuya la crueldad en el mundo como si esto fuera una tendencia social inevitable hacia una humanidad sin pecado, en lugar de una posibilidad del hombre, que a veces mejora y a veces empeora: Hay un pequeño defecto en el hombre, imagen de Dios, maravilla del mundo: que no es de fiar. 

Por eso ante estos hechos la progresía, y entre ellos nuestros amigos noemitas, que confían en la llegada de ese mundo mejor cuando desaparezcan las religiones tienen ahora que limitarse a murmurar, como el malo de un melodrama: «Ya nos llegaría nuestra hora». Pero lo hacen en un tono muy diferente a como lo hacían hasta hace poco, cuando, como el personaje de la coplilla, gritaban: «¡Ya no será larga la espera!». Los más optimistas admiten que probablemente tendremos que esperar mucho para revertir todo si es que alguna vez se puede hacer; esta gente tiene que recurrir a una fe puramente mística para pensar que eso sucederá...


Pero esa sorpresa de la progresía ante el fracaso de su revolución viene de su incapacidad para reconocer un hecho: Es en la Iglesia, en el corazón de la cristiandad, en el centro de la civilización llamada católica, allí, y no en ningún movimiento ni en ningún futuro, es donde se encuentra esa cristalización del sentido común, donde están las tradiciones verdaderas y las reformas racionales que el hombre moderno buscó equivocadamente una y otra vez. De allí vendrán los avisos que nos señalarán si la compasión ha sido dejada de lado o la memoria despreciada, no de los hombres que formarán una nueva promoción de gobernantes en esta tierra inquieta y distraída.

miércoles, 28 de marzo de 2018

El engaño del nuevo pacto de Echeverría

En el programa de esta semana de “Alo Presidente” del hermano Molina, se acude nuevamente a una colaboración, como suele decir el jefe Molina “escrita por nuestro amable colaborador Ruben ECHEVERRIA”... Nadie dudamos de su amabilidad pero en cualquier caso la duda viene más del lado de su inteligencia. 
Veamos: la colaboración va sobre si el cristianismo va a dejar sin efecto o no la ley de Moises, de modo que el articulo comienza...

La doctrina central del cristianismo es aquella en que Jesús, aparece para dejar sin efecto la Ley de Moisés y establecer un Nuevo Pacto, el cual dejaría fuera de acción y obsoleta la Ley de Moisés”.

En este punto ya partimos de un punto confuso: que entiende mosén Ruben por la ley de Moisés y que entiende por un Nuevo Pacto... Porque si la ley de Moises la toma como los 10 mandamiento de la ley entregados por Dios a Moises, (¿donde están los cristianos que niegan su validez?), si la ley de Moises la entiende como el conjunto de la Torá judía, incluyendo la interpretación oral y la recopilación de las leyes judías... ¿que tiene que ver con el cristianismo actual? Tampoco define que quiere significar con ese “Nuevo Pacto” ...
En cualquier caso el illuminati Echeverria acude a un estudio comparativo extraído de la Biblia de los testigos de Jehová y de la reina Varela... ¿que podrían pensar la mayoría de estudiosos de la Biblia y gran parte de los cristianos, entre ellos los católicos de esto?: Una de las biblias es la primera version protestante de la Biblia (en realidad la segunda, basada en el trabajo realizado por Casiodoro de Reina en 1569) y aunque con una gran similitud (excepto en los libros considerados como canónicos) con la biblia católica, es un trabajo filológicamente bastante pobre, que posteriormente fue mejorado en parte por  Cipriano de Varela. No podemos decir lo mismo de la edición de la Biblia de los testigos de Jehová, la edición de Watchtower: según los expertos la versión de la Sagrada Escritura de los TdJ ha llamado la atención de todos los estudiosos que no dudan en denunciar sus falsedades y notar sus divergencias con respecto de los textos bíblicos auténticos. Así, Anthony Hoekema, teólogo calvinista experto en Sagradas Escrituras, indica  “La Traducción del Nuevo Mundo no es una traducción objetiva de la Biblia en inglés moderno, sino una traducción falsificada en la cual muchas de las enseñanzas de la Sociedad Wachtower han sido fraudulentamente introducidas” 
(The Four Major Cults: Christian Science, Jehovah's Witnesses, Mormonism, Seventh-Day Adventism, 1965 ).

Ruben, Después de un análisis (¿?) confuso de algunos textos, en los que confunde ley, Pacto y alianza... concluye: “El cristianismo fue desarrollado posteriormente a los Evangelios, y está basado en algunos versículos equívocos...” y poco después indica “Sabemos que los libros del llamado Nuevo Testamento se elaboraron varios años después de Cristo.  No hay claridad acerca de los autores.”
Pero el rápidamente se apunta a un carro:  
Una de las muchas hipótesis es la que entrega el escritor e historiador Fernando Conde Torrens: Lo hicieron Eusebio de Cesarea y Lactancio, en los años 302 de la Era Común, eso según relata fue solicitado por Augusto Docleciano, en esa entrevista estaba presente el hijo del César, Constantino y a este le atrajo la idea de la necesidad de unir las diferentes religiones, y unificar el imperio, con esa herramienta ideológica...”
Aquí otra vez patina nuestro amigo Echeverría porque escritor si que es el amigo Conde Torrens, pero de historiador tiene poco (igual la aficción) ya que es ingeniero... Esto me suena sobre su hipótesis simplemente copiaré aquí la respuesta que le da Piñero, un escéptico, agnóstico, estudioso de la biblia, al amigo Torrens sobre su hipótesis:

Inventar el cristianismo es absolutamente imposible ya que tardó, por lo menos unos 420 años en constituirse. Y si se ha leído el Nuevo Testamento en griego se caerá en la cuenta que es absolutamente imposible que sea un producto del 303. Entonces, un libro que defiende una hipótesis como esa es un libro que no merece la pena leerse. Es sencillamente perder el tiempo cuando hay tantísimas cosas que leer.
 Y lo dice un filólogo, un escéptico, un racionalista, un agnóstico a quien le da igual que el resultado de su investigación contradiga sus propios presupuestos, que solo busca la posible y probable “verdad histórica”. No tengo ningún inconveniente en aceptar que se inventó el cristianismo en el 303, si la hipótesis que sustenta esta afirmación es razonable y explica los datos. Y voy a dar solo uno: tenemos papiros, del Nuevo Testamento datados por ateos científicos, que centre todos contienen ya el Nuevo Testamento hacia el año 200!!! Y tenemos uno especialmente, el Papiro 52, de más o menos el 150, que contiene ya el texto muy parecido al que se reconstruye científicamente hoy, del Evangelio de Juan 18,31-33.37-38. Este papiro se halla en la John Rylands University Library de Manchester con la signatura “Gr. Pablo 457” y es estudiable a través de cristales protectores por cualquier científico que se acredite.

La hipótesis del Señor Don Fernando Conde Torrens es absolutamente imposible y no perderé el tiempo en leer su libro.”

viernes, 9 de marzo de 2018

Hay otra visión de la mujer

Durante estos días estamos confundidas con un bombardeo constante de mensajes desde distintos ámbitos que, en un marco de desigualdad real, trae en muchos casos la confusion a nuestras mentes... hace poco leía a Anne-Marie Slaughter, asesora durante mucho tiempo de Hillary Clinton que, en un determinado momento decide dejar el Departamento de Estado, retomar su carrera como profesora universitaria  para poder pasar más tiempo con su familia. Con varios hijos adolescentes, sentía que aquel era un momento importante para educarlos, y necesitaba estar más cerca de ellos y de su marido, también profesor universitario...sin embargo su decision no fue bien recibida por otras feministas en USA. Algunas sufrieron una decepción (algo así como si “se hubiese bajado del barco”), otras reaccionaron con extrañeza (¿cómo puede una mujer de éxito, que está como bandera de la igualdad abandonar un puesto como ese para cuidar de sus hijos?
Slaughter contesta a esas objeciones, y critica un feminismo que anima a las mujeres a convertirse en “superwomen": personas capaces de prosperar en el ambiente ultracompetitivo de los grandes bufetes o las compañías tecnológicas más punteras; al feminismo que repite como un mantra el “puedes tenerlo todo”.
No es que Slaughter no crea en la inserción laboral de las mujeres, sino que piensa que más que jalearlas a “unirse para la lucha”, es hora de cambiar ciertos hábitos laborales que impiden en la práctica la conciliación entre el desarrollo profesional y la formación de un hogar. Seguir proponiendo modelos espectaculares pero inalcanzables para la mayoría, aunque sea con buena intención, produce frustración en las mujeres que no logran alcanzar ese ideal, y sensación de culpa entre las que deciden aparcar temporal o definitivamente su trabajo para dedicarse a la familia.
Slaughter propone cambiar la “mística de la competitividad” domina gran parte del mercado laboral, según la cual se ponen por encima sectores como el tecnológico, el legal o el financiero sobre otros trabajos más relacionados directamente con el servicio a otras personas como enseñar o cuidar de niños y ancianos... 
Según ella, la misma idea de liderazgo en estos sectores, donde además predominan los hombres, está estrechamente relacionada con la competitividad y con hablar más que escuchar. La solución no es que las mujeres adopten el patrón masculino, sino ir modificando poco a poco estos ambientes.

Propuestas de este estilo son las que Slaughter considera necesarias para avanzar en un feminismo que no excluya a la familia. Sin embargo, más allá de las medidas políticas concretas recomendadas por Slaughter, ella hace una apología del servicio a los demás. La sociedad, llevada por la cultura laboral imperante, ha minusvalorado las tareas relacionadas con el cuidado de otros, ya sean de la propia familia o como trabajo profesional. Es hora de revalorizarlas, facilitando que más hombres y mujeres puedan compatibilizar su trabajo con la familia, y también reconociendo debidamente (por ejemplo, en el sueldo) sectores como el de la educación, el cuidado de los niños o la atención a los enfermos.
Esta es, para Slaughter, la próxima meta hacia la que debería dirigir sus fuerzas el feminismo. 

viernes, 2 de marzo de 2018

El caso de Cristo

Lee Strobel, periodista de la crónica criminal y de juzgados del Chicago Tribune está felizmente casado con Leslie, es padre de una niña y hay otro hijo en camino. Un suceso que podía haber sido trágico acerca inesperadamente a Leslie al cristianismo, situación que descompone a Lee, pues ambos hasta la fecha se habían declarado firmemente ateos. Sus diferencias acerca de la fe podría poner en peligro la estabilidad familiar, pues se crea cierta distancia. De modo que Lee decide compatibilizar una investigación sobre un policía tiroteado por un maleante, con otra de calado diferente: quiere reunir pruebas de que la fe cristiana es una superchería, de modo que buscando hechos y pruebas con expertos, trata de demostrar que la resurrección de Jesús nunca tuvo lugar. La indagación va a suponer una fuerte conmoción en su vida.
Película basada en hechos reales, documentados por el propio Lee Strobel en un libro que se convirtió en superventas. Resulta original el planteamiento de cómo las convicciones cristianas pueden convertirse en punto de fricción en un matrimonio, y el intento de resolver él la cuestión con una investigación periodística, donde hacen falta pruebas, testigos, opiniones de expertos, como en cualquier reportaje hecho con honestidad. De este modo se realiza un acercamiento respetuoso con cualquier punto de vista, también el del no creyente, pero haciendo una exposición atractiva y bien fundamentada acerca de los motivos de credibilidad del cristianismo.
El guión de Brian Bird sigue con acierto el clásico y sólido esquema de las películas de chicos de la prensa, aquí con una doble indagación, la que el periódico ha encargado al protagonista, y una muy personal, y que puede cambiar toda su cosmovisión, el modo en que encara la existencia. E imbrica bien las cuestiones personales, el drama familiar y los motivos de fondo en el obcecamiento de Lee, que más que buscar la verdad, quiere probar que tiene razón, posición intelectual poco rigurosa que no sabe reconocer, ni siquiera ante sí mismo.
Jon Gunn, que ya antes había  dirigido películas sobre la presencia de la fe en la vida cotidiana, entrega aquí su mejor trabajo, el director ha ganado en oficio, y sabe describir los conflictos de los personajes, de Lee, bien encarnado por Mike Vogel, y de la esposa, una convincente Erika Christensen. Hay acierto en el resto del reparto, donde junto a dos ilustres secundarios cuya presencia sabe a poco, Faye Dunaway y Robert Foster, se suman otros desconocidos, como la amiga enfermera del matrimonio, que desencadena la crisis.

jueves, 1 de marzo de 2018

Moral laica y religiosa

Nuestros amigos están ocupados en señalar la superioridad moral del ateismo sobre la moral religiosa en general y judeocristiana en particular:  dicen que "la ética laica" es la única válida para todos los ciudadanos de una sociedad pluralista, mientras que cualquier moral religiosa sirve solo para quienes profesan la correspondiente fe. Además resulta imperfecta ya que la “fuente de la moralidad es una Biblia que Nosa presenta a un Dios caprichoso...” (Burriguini dixit)
Norberto Bobbio, en este articulo da algunas claves realmente interesantes: “... ¿Pero hay realmente valores laicos y valores religiosos? Si cogemos cualquier tratado de ética, difícilmente encontraremos una distinción entre valores laicos y valores religiosos. Encontraremos la distinción entre valores absolutos y valores relativos, entre valores instrumentales y valores finales, entre valores extrínsecos y valores intrínsecos, entre valores primarios y secundarios.
No existe, sin embargo, una ética laica, como tampoco existe una ética religiosa. Hay éticas laicas y éticas religiosas. Incluso en el universo de la ética cristiana hay interpretaciones diversas, entre rigoristas y laxistas. El janseanismo es rigorista y se ha contrapuesto continuamente a la moral jesuítica, considerada más laxista. También la ética budista es una ética religiosa, pero ¿cuántos contrastes hay entre cristianos y budismo respecto a los comportamientos que el uno exige o prohíbe y lo que exige o prohíbe el otro?
Hay muchas éticas laicas. Comenzando por la antigüedad, la ética estoica y la ética epicúrea, la ética de la virtud y la ética de la felicidad... Lo que distingue fundamentalmente una ética religiosa de una ética laica no son tanto los preceptos cuanto la forma de justificarlos, es decir la metaética. La prohibición de matar es justificada según la ética religiosa como un mandamiento divino; una ética laica lo justifica racionalmente. Planteado el problema en estos términos, lo que cambia no es el precepto sino el conjunto de argumentos con el que se justifica. La razón profunda de la referencia a una visión religiosa del mundo no está tanto en la exigencia de fundar un sistema moral, como en la exigencia (...) de favorecer la observancia, lo que debe inducir, entre otras cosas, a reflexionar sobre la razón por la que las éticas religiosas tienen socialmente (se comprueba bien en la mayoría de las sociedades que han existido hasta ahora) una autoridad mucho mayor que las autoridades laicas.
Lo que se necesita absolutamente en cualquier convivencia pacífica no es sólo la existencia de reglas de conducta bien fundadas, sino sobre todo su observancia. Es por tanto evidente que la apelación a Dios sirve, y la historia demuestra que sirve muy bien, no tanto para justificar la existencia de normas de conducta que hay que observar, cuanto para inducir a observarlas a aquellos a los que van destinadas. Como he tenido ocasión de decir otras veces, la apelación a Dios en un sistema ético se dirige a Dios no como legislador sino como juez. Conocer la ley moral y observarla son dos momentos muy diversos, y el segundo no sigue necesariamente al primero. El famoso dicho Si Dios no existe, todo está permitido puede querer decir dos cosas: referido al legislador significa que, si Dios está ausente, los preceptos morales no son observados; referido al juez, quiere decir que no son castigados.”

martes, 20 de febrero de 2018

Fe y evidencias. la fe y la ciencia están mas cerca de lo que creemos

Resulta frustrante pensar que un amor platónico de mis comienzos sea capaz de escribir un artículo tan simplista como el escrito por Ciencia Ficción (SCIFI, uyyy! perdón SciMath), que tras palabreas rimbombantes como gnoseologicas, epistemico... oculta errores de concepto fundamentalmente porque basa, como habitualmente hace ese blog el concepto de fe en fe=ausencia de evidencias, argumento normalmente estirado hasta fe= irracionalidad, lo que fácilmente lleva al concepto de que la fe supone creer en algo que no es razonable, en el sentido de creer en algo que está reñido con la lógica.
La ciencia, nos dicen continuamente, es la forma más fiable de conocimiento que tenemos sobre el mundo, porque se basa en hipótesis contrastables. En cambio, la religión se basa en la fe.  En ciencia, un sano escepticismo es una necesidad profesional, mientras que en religión, creer sin tener evidencia se considera virtud.
Pero la separación entre ciencia y fe no es tan clara, pues  la ciencia tiene su propio sistema de creencias basado en la fe. Recojo aquí algún extracto del libro del físico Paul Davies. “Toda ciencia descansa en el supuesto de que la naturaleza tiene un orden racional e inteligible. Uno no podría ser un científico si creyera que el universo es un revoltijo de cosas yuxtapuestas al azar. Cuando los físicos sondean un nivel más profundo de la estructura subatómica, o los astrónomos amplían el alcance de sus instrumentos, esperan volver a encontrar un elegante orden matemático. Y hasta ahora esta fe ha mostrado estar justificada”.
La expresión más refinada de la inteligibilidad racional del cosmos se encuentra en las leyes de la física, que son las reglas fundamentales del funcionamiento de la naturaleza”, prosigue Davies. “Pero ¿de dónde vienen esas leyes? Y ¿por qué tienen la forma que tienen?” Si se plantean estas preguntas a los físicos, unos responden que no son cuestiones científicas, otros que no se sabe; la mayoría dice que no hay razón alguna para que las leyes físicas sean como son: simplemente son así. Entonces, comenta Davies, “un científico ha de tener fe en que el universo está regido por leyes matemáticas seguras, inmutables, absolutas y universales de origen desconocido. Hay que creer que esas leyes no fallarán, que mañana al despertar no nos encontraremos con que el calor fluye de las cosas frías a las calientes, ni que la velocidad de la luz cambia cada hora”.

Pero “la tesis de que la existencia de las leyes no obedece a razón alguna es profundamente anti-racional”. La explicación científica de cualquier fenómeno se basa en que hay razones para que las cosas sean como son. Si al final resulta que los fundamentos de la realidad, las leyes de la física, no tienen razón que los sustente, es como una burla de la ciencia.

De hecho, en los últimos años ha ido aumentando el número de científicos que no rehúsan plantearse la cuestión del origen de las leyes físicas. Por un lado, ha ido ganando aceptación la idea de que “la aparición de la vida en el universo, y por tanto de observadores como nosotros, depende de la forma de las leyes. Si las leyes de la física no fueran más que un batiburrillo de reglas, casi con toda certeza no habría vida”. Por otro lado, también se ha extendido la hipótesis de que las leyes que considerábamos básicas y universales podrían ser en realidad leyes particulares de nuestro universo, distintas de las de otros universos. Así, otros universos están regidos por leyes físicas incompatibles con la vida, pero naturalmente nosotros estamos en uno con leyes que nos permiten existir.

Sin embargo, esa segunda teoría, observa Davies, no responde a la cuestión sobre el origen de las leyes. Pues tendría que haber un proceso físico que hiciera surgir los distintos universos y otorgara leyes particulares a cada uno. Y tal proceso habría de tener sus propias leyes, o meta-leyes. ¿De dónde habrían venido?

Davies concluye que “tanto la religión como la ciencia se fundan en la fe, o sea, en la creencia de que existe algo exterior al universo y que no se explica, bien Dios, bien un conjunto de leyes físicas o tal vez incluso un enorme conjunto de universos desconocidos”. Esta coincidencia no es tan extraña, pues “la misma noción de ley física es teológica en su origen”. Procede, como muestra el caso de Newton, de la doctrina cristiana, según la cual Dios creó el mundo y le confirió un orden racional.

Por tanto, no hay posibilidad de explicar por qué el universo físico es como es, dice Davies, si se atribuye su fundamento a leyes que carecen de justificación o vienen impuestas por la divina providencia. Sería necesario, más bien, considerar las leyes físicas y el universo regido por ellas como partes de un sistema unitario y encajarlas en un esquema explicativo común. Hasta que la ciencia no lo logre, mientras no ofrezca “una teoría contrastable de las leyes del universo, su pretensión de estar libre de fe es manifiestamente falsa”.

Paul Davies, entrevista NYT 24/11/2007
Paul Davies, God and the New Physics, Dent, Londres (1983)


miércoles, 17 de enero de 2018

Cristianismo primitivo

En esta entrada presento un breve resumen de un libro recientemente publicado por Rodney Stark Profesor de sociología y religion comparada en la universidad de Washington. En su libroThe Rise of Christianity, Stark pone en tela de juicio muchas de las ideas comúnmente admitidas sobre el cristianismo primitivo, tanto por cristianos ortodoxos como por escépticos recalcitrantes

Stark se pregunta: "¿Cómo pudo un diminuto y oscuro movimiento mesiánico, venido de un extremo del Imperio romano, desplazar al paganismo clásico y convertirse en la fe dominante de la civilización occidental?". Este prestigioso sociólogo profesional no busca explicaciones sobrenaturales -que, al fin y al cabo, son cuestión de fe-, sino más bien datos puramente sociológicos. Naturalmente, un cristiano verá en tal expansión y continuidad un signo inequívoco de la intervención del Espíritu Santo, que Cristo prometió que permanecería con su Iglesia hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, el cristiano también cree que la gracia perfecciona la naturaleza y que Dios gusta servirse de causas segundas para extender el mensaje cristiano.
Stark emplea las herramientas de su oficio, así como sus propias investigaciones y las de otros, para explicar el desarrollo singular del cristianismo. Por qué Dios hizo de los judíos su pueblo elegido y a la Iglesia católica la continuación espiritual de éste, sigue siendo un misterio en la mente divina al que no tenemos acceso. En último término, los métodos sociológicos no podrán explicar todo; pero ciertamente ayudan a comprender el atractivo humano de la fe, que ha provocado una corriente ininterrumpida de conversiones a lo largo de los siglos. Aquí examinaremos sólo algunas de estos interesantes análisis y conclusiones.
No sólo desheredados
Contra la opinión habitual, Stark sostiene que el cristianismo no fue sólo un movimiento propio de desheredados, un refugio para esclavos y para las masas depauperadas de Roma, sino que se encontraba también establecido en las clases medias y altas. Esta afirmación en modo alguno va en detrimento de la "opción preferencial por los pobres", que siempre ha distinguido a la Iglesia y que procede directamente de Cristo mismo. Esa tesis significa simplemente que el cristianismo se difundió mucho más de prisa en las ciudades populosas, mientras que los pobres, en su mayor parte, habitaban en el campo.
Este predominio de las clases medias y altas haría surgir, gracias a la generosidad de los primeros cristianos, una eficaz red de asistencia social en favor de las personas ancianas, viudas y huérfanas, así como cementerios cristianos y, con el tiempo, lugares de culto, que antes del edicto de Milán, por supuesto, estaban situados en viviendas familiares.
Éxito con los judíos
Una de las conclusiones más llamativas de la investigación realizada por Stark es que, contra lo que suele afirmarse, la evangelización de los judíos por parte de los primeros cristianos fue, en gran medida, un éxito y se prolongó sin pausa hasta el año 300. Según Stark, los cuatro o cinco millones de judíos de la diáspora se habían "adaptado a la vida fuera de Israel de tal forma, que el judaísmo de Jerusalén les resultaba lejano: de ahí la necesidad, ya en el siglo III a.C., de una traducción de la Torah al griego, destinada a los judíos que residían fuera de Israel" (la versión de los Setenta). Para los judíos que vivían en el mundo helénico, "el cristianismo suponía poder conservar gran parte del contenido religioso de ambas culturas y resolver las contradicciones entre ellas".
Como se ve en los Hechos de los Apóstoles, los primeros cristianos, encabezados por San Pablo, se dirigieron, como era natural, a las comunidades judías de los grandes centros urbanos. Aquellas comunidades, habituadas a recibir maestros venidos de Jerusalén, no se escandalizaban tan fácilmente de la opresión romana que había sido responsable, al menos en parte, de la crucifixión de Jesús. Los hallazgos arqueológicos muestran que las primitivas Iglesias cristianas fuera de Palestina estaban concentradas en los barrios judíos de las ciudades.
Pero Stark no se detiene aquí. Aduce que hacia el año 250, cuando había aproximadamente un millón de cristianos (de acuerdo con su estimación de la tasa de crecimiento, que sitúa en el 40% anual), la gran mayoría debían de ser judíos, de modo que quizá hasta uno de cada cinco judíos de la Diáspora eran conversos al cristianismo. Uno de los problemas más difíciles al que tuvo que hacer frente el episcopado católico, ya bien entrado el siglo V, pudo ser el de persuadir a los judíos recién convertidos a dejar de frecuentar la sinagoga y a abandonar las costumbres judías.
Solidaridad cristiana
En el año 165, durante el reinado de Marco Aurelio, se desató una epidemia que, en el transcurso de quince años, causó la muerte de un tercio de los habitantes del Imperio, Marco Aurelio incluido. En el año 251 se declaró una epidemia parecida, probablemente de sarampión, con resultados similares. En general, los historiadores concuerdan en que estas epidemias produjeron un despoblamiento que contribuyó a la caída del Imperio romano más que la degeneración moral a la que se suele atribuir el hundimiento.
Stark señala que estas epidemias favorecieron la rápida difusión del cristianismo por tres razones. La primera, porque el cristianismo ofrecía una respuesta más satisfactoria que la brindada por el paganismo antiguo a la pregunta sobre el sufrimiento de los inocentes; una respuesta basada en la pasión y muerte de Cristo. En segundo lugar, "los valores cristianos del amor y la caridad se habían traducido, desde el principio, en normas de servicio social y solidaridad. Cuando sobrevenía algún desastre, los cristianos tenían mayor capacidad de respuesta, lo que producía tasas de supervivencia notablemente superiores. Esto significa que, tras cada epidemia, los cristianos constituían un porcentaje mayor de la población, aun sin contar los nuevos conversos".
Stark concluye: "Durante las epidemias, en cierto modo el paganismo 'cayó fulminado' o al menos contrajo una enfermedad mortal: fue víctima de su relativa incapacidad para enfrentarse social o espiritualmente con estas crisis; incapacidad que puso súbitamente de manifiesto el ejemplo de su nuevo contrincante".
La Iglesia atraía a las mujeres
En un capítulo que es de especial importancia en los debates actuales sobre el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, Stark muestra, con pruebas impresionantes, que "el cristianismo resultaba extraordinariamente atractivo para las mujeres paganas, porque en la subcultura cristiana la mujer disfrutaba de un status muy superior al que le otorgaba el mundo grecorromano en general". Stark muestra que el cristianismo reconoció la misma dignidad a la mujer y al hombre, como hijos de Dios con el mismo destino sobrenatural. Además, la moral cristiana, al rechazar la poligamia, el divorcio, el aborto, el infanticidio, etc., contribuyó al bienestar de las mujeres cambiando su status de siervas impotentes al servicio de los hombres, por el de personas con dignidad y derechos tanto en la Iglesia como en la sociedad civil.
De aquí saca Stark cuatro conclusiones. Primera, que en las comunidades cristianas se produjo rápidamente un importante excedente de población femenina, a consecuencia de la prohibición cristiana del infanticidio -que normalmente se aplicaba a las niñas- y del aborto -que a menudo ocasionaba la muerte de la madre-, así como por la alta tasa de conversiones al cristianismo entre las mujeres. Segunda, que las mujeres gozaban de un status muy superior en las comunidades cristianas, como ya se ha dicho. Tercera, que el excedente de mujeres cristianas dio lugar a gran número de matrimonios mixtos, que a su vez provocaron la conversión de muchos maridos paganos, fenómeno que continúa dándose hoy día. Finalmente, como las mujeres cristianas tenían más hijos, esta mayor fecundidad contribuyó a la expansión del cristianismo.
Humanizadores de las ciudades
Con las herramientas de la sociología y de la demografía, Rodney Stark muestra de modo concluyente que la expansión del cristianismo fue un fenómeno casi exclusivamente urbano por una razón muy lógica: como en las ciudades estaba la mayoría de la gente, en especial los judíos helenizados, allá fueron los primeros misioneros y allí se dieron las primeras conversiones.
Antioquía, una de las primeras ciudades evangelizadas, sirve a Stark de modelo para su estudio. La describe como "una ciudad llena de miseria, peligros, temores, desesperación y odio. Una ciudad donde las familias corrientes llevaban una vida miserable en barrios inmundos y angostos... una ciudad llena de odio y de temor por los fuertes antagonismos étnicos, exacerbados a causa del constante flujo de forasteros; una ciudad donde abundaba la delincuencia y donde las calles eran peligrosas por la noche; una ciudad varias veces arrasada por catástrofes, donde cualquier habitante podía contar con que se quedaría sin techo al menos alguna vez, si es que tenía la suerte de estar entre los supervivientes".
Stark subraya que el cristianismo trajo una nueva cultura que hacía la vida más tolerable en las ciudades grecorromanas: "En ciudades llenas de personas sin techo y de indigentes, el cristianismo ofrecía tanto caridad como esperanza. En ciudades repletas de inmigrantes y de forasteros, el cristianismo ofrecía una base inmediata para la acogida. En ciudades llenas de huérfanos y viudas, el cristianismo proporcionaba un nuevo y dilatado sentido de familia. En ciudades desgarradas por violentas luchas étnicas, el cristianismo ofrecía un nuevo fundamento para la solidaridad. Y en ciudades que padecían epidemias, incendios y terremotos, el cristianismo ofrecía unos eficaces servicios de asistencia sanitaria".
Mártires: pocos, pero influyentes
En un pasaje muy citado, Tertuliano dice que "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos". Al hablar de los primeros mártires del cristianismo, Stark plantea la pregunta de siempre: "¿Qué les llevaba a hacerlo?"; pero no da la respuesta habitual entre los historiadores no creyentes, que consideran a los mártires un tanto locos o masoquistas, en el peor de los casos, o irracionales, en el mejor.
Stark sostiene que los mártires, ante la alternativa de renunciar a su fe ofreciendo sacrificios a los ídolos o morir para alcanzar lo que tenían por un bien mayor -el paraíso-, simplemente hacían una elección racional. "Los mártires son los exponentes más creíbles del valor de una religión, sobre todo si el martirio es voluntario. Aceptando voluntariamente la tortura y la muerte antes que desertar, una persona pone en la religión el valor más alto que pueda imaginarse y manifiesta este valor a otros. En efecto, lo normal era que los mártires cristianos tuvieran oportunidad de mostrar su firmeza ante un gran número de cristianos, y el valor del cristianismo, así manifestado, a menudo impresionaba también, hondamente, a los paganos que lo presenciaban".
El autor plantea una pregunta más: "¿Cómo podía aceptar una persona racional las torturas más refinadas y la muerte a cambio de una recompensa religiosa intangible e incierta?". La respuesta que da es la sensata, aunque no necesariamente la que alguno quisiera o esperara recibir. "En primer lugar, probablemente muchos primeros cristianos no fueron capaces de comportarse así, y se sabe de algunos que se retractaron cuando se vieron en esa tesitura. En segundo lugar, las persecuciones fueron raras, y sólo un pequeño número de cristianos llegaron a ser martirizados... Había, sorprendentemente, poco interés en perseguir a los cristianos, y cuando se desencadenaba una persecución, normalmente se dirigía contra obispos y otras figuras prominentes".
Así, según Stark y otros sociólogos, sólo fueron martirizados algunos miles a lo largo de dos siglos y medio, y no los centenares de miles o incluso millones que a veces dicen entusiastas historiadores cristianos. Hubo, sin embargo, considerable número de desertores y apóstatas que no superaron la prueba del martirio. Lo que ocurre, dice Stark, es que probablemente conocemos los nombres e historias de la mayoría de los mártires, porque los martirios solían ser presenciados por muchos, tanto cristianos como paganos: de ahí que surgiera, casi de modo inmediato, el culto a los mártires.
Por otra parte, a causa tanto del sambenito que la sociedad colgaba a los cristianos como del peligro de persecución e incluso de martirio, el cristianismo estuvo, en gran medida, libre de los que Stark llama "aprovechados" (free riders): los que buscan las ventajas de la religión sin los sacrificios y obligaciones que comporta. Quizá pudiéramos decir que entre los primeros cristianos había mucho más trigo que cizaña.
Modelo para la nueva evangelización
Así pues, ¿por qué se expandió tanto el cristianismo? Según Stark, "porque los cristianos constituían una comunidad muy unida, capaz de generar la 'invencible obstinación' que tanto indignaba a Plinio el Joven pero que daba inmensas recompensas espirituales. Y el principal medio de esta expansión fue el empeño, unánime y ardiente, de los cada vez más numerosos creyentes cristianos, que invitaban a sus amigos, parientes y vecinos a compartir la 'buena nueva'".
En el núcleo de esta disposición a compartir la fe estaba la doctrina, lo que había de creerse. "Las enseñanzas centrales del cristianismo promovieron y sostuvieron una organización y unas relaciones sociales eficaces, atractivas y liberadoras".
Esa doctrina central, radicalmente nueva para un mundo pagano que gemía bajo un cúmulo de miserias y estaba saturado de una crueldad caprichosa, era, por supuesto, que "como Dios ama a la humanidad, los cristianos no pueden agradar a Dios si no se aman unos a otros".
Este libro muestra que, a la larga, el cristianismo sobrevivió y continúa prosperando gracias a la influencia personal de quienes viven de acuerdo con sus principios, gente corriente que aspira a la santidad según el modelo de Cristo. Esta conclusión ratifica el núcleo del mensaje del Concilio Vaticano II, tan a menudo recordado por el Papa actual: la llamada a la santidad personal, que por fuerza lleva a la evangelización a través del testimonio personal y la vida familiar.
Juan Pablo II ha llamado repetidas veces a la "reevangelización" de Occidente, y él personalmente ha llevado el Evangelio al mundo entero utilizando todos los avances tecnológicos de este siglo -desde el avión a reacción hasta Internet-, de un modo impensable y, desde luego, humanamente imposible para sus predecesores. Si queremos construir "una civilización del amor y de la verdad" en el tercer milenio, parece indispensable seguir estudiando cómo lo hicieron -o lo empezaron- los primeros cristianos, con tan espléndidos resultados. Este libro nos ofrece respuestas concretas, a la vez que sugerencias para ulteriores estudios, en este momento en que, por usar las palabras de Juan Pablo II, "cruzamos el umbral de la esperanza" hacia una "nueva primavera de vida cristiana".