viernes, 28 de julio de 2017

Poemas

Aprovecho el verano para poner una entrada mucho mas ligera, como el verano, en la que recojo un bonito poema de Emily Brönte: No Coward Soul is Mine (mi alma no es cobarde ) y otro de su hermana Anne, “el penitente”.

Decía Chesterton con mucha razón que “la poesía es cordura porque flota fácilmente en un mar infinito; la razón trata de cruzar el infinito y de convertirlo así en finito. Los poetas no se vuelven locos; los jugadores de ajedrez, sí. Los matemáticos y los empleados de caja también se vuelven locos; pero los artistas creadores, rara vez.  El poeta sólo pretende llegar con su cabeza hasta el cielo. En cambio, el lógico pretende meter el cielo en su cabeza. Y lo que ocurre es que la cabeza estalla”
Allá van


(No coward Soul Is Mine)
Mi alma no es cobarde,
No tiembla en la esfera de la tormenta turbulenta del mundo:
Veo las glorias del cielo brillar

Y la fe brilla igual, me armo del miedo.
Oh Dios dentro de mi pecho,
Todopoderoso y omnipresente Deidad!
La vida - que en mí tiene descanso,
¡Como en mi - La vida eterna - tiene poder en ti!

Vanos son los mil credos
Este corazón de los hombres se mueve: indeciblemente vano;
Inútil como malas hierbas marchitas,
U como la ociosa banalidad en medio del infinito principal,

Para despertar la duda en uno
Sostenido tan rápido por tu infinito;
Así que seguramente anclado en
La roca firme de la inmortalidad.

Con gran amor universal
Tu espíritu anima los años eternos,
Penetra y medita antes,
Cambia, sostiene, se disuelve, crea y levanta.

Aunque la tierra y el hombre se han ido,
Y soles y universos han dejado de ser,
Y Tú has quedado solo,
Cada existencia existiría en Ti.

No hay espacio para la muerte,
Ni átomo que sus fuerzas puedan hacer vacío:
Tú, Tú eres el Ser y el Aliento,
Y lo que eres nunca puede ser destruido.

The Penitent
(El penitente) 

Lloro contigo, y aún me regocijo
Que te deba doler tanto;
Con un coro de ángeles acompaño mi voz
Para bendecir la aflicción del pecador.
Aunque te hallas alejado de amigos y familiares,
Y rías con desdén de tu profundo dolor;
Oigo al gran Redentor decir;
“Te bendeciré aunque llores”.
Manten tu curso, no consideres extraño
Que los hilos terrenales estén divididos:
El hombre puede lamentar el cambio maravilloso,

Pero “¡hay alegría en el cielo!”

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