Tras 40 años como juez de familia, sir Paul Coleridge –magistrado del Tribunal Supremo de Inglaterra y Gales desde el año 2000– acaba de lanzar, junto a otros cuatro jueces de familia, una iniciativa para impulsar un cambio de actitud hacia el matrimonio en la sociedad británica: los matrimonios que no van se arreglan, no se rompen.
The Marriage Foundation combina la investigación social –de la que saldrán propuestas de políticas públicas– con la ayuda a gente que pasa por crisis matrimoniales. El objetivo es fortalecer la institución del matrimonio y reducir el número de rupturas familiares en Inglaterra y Gales.
La iniciativa de Coleridge –casado desde hace 39 años, padre de tres hijos y abuelo de tres nietos– ha tenido eco estos días en la prensa británica. Y a veces con tintes de la mejor prensa amarilla. En parte porque le ha tocado resolver varios pleitos de ricos y famosos.
En ocasiones, el magistrado ha advertido sobre el riesgo de formarse una imagen idílica del matrimonio como la que a veces transmite la prensa rosa. “El matrimonio no es algo que cae del cielo, listo para que se lo ponga la gente guapa, vestida con traje de lino blanco. Exige amor, pero exige también mucho esfuerzo”.
“Por muy adecuada que sea la persona con la que te has casado, quizá a los dos años de la boda ya no te parezca tan adecuada. Por más encantador o encantadora que resultaras al principio, tus faltas –como las de todo el mundo– empezarán a saltar a la vista. Si quieres que tu matrimonio dure, tienes que adaptarte, cambiar y comprender”.
La verdad es que sir Paul –descendiente, por cierto, del poeta Samuel Taylor Coleridge– no es precisamente un filósofo del amor, que tienda a adornar sus puntos de vista. En sus entrevistas, repite casi siempre las mismas ideas, a veces de forma descarnada. Se nota que es un hombre curtido por horas de pleitos y sentencias. “Mi mensaje es éste: Lucha por tu matrimonio. No te rindas. Arréglalo, no lo rompas”, dice con frecuencia.
El juez Coleridge ofrece otra perspectiva del mismo fenómeno: unos 3,8 millones de niños en Inglaterra y Gales viven pendientes de que se resuelvan los procedimientos judiciales sobre el divorcio de sus padres.
“Estamos ante una de las heridas más dolorosas de la sociedad”, dice el magistrado. “Por eso, en los últimos años, siempre que he tenido la oportunidad de hablar en público sobre las rupturas familiares, lo he hecho. Pero ahora he llegado al convencimiento de que es el momento de actuar, no solo de hablar”.
Con la puesta en marcha de la Marriage Foundation, Coleridge aspira a crear “un movimiento en todo el país destinado a cambiar las actitudes desde abajo hasta lo más alto de la sociedad, de modo que mejore la vida de todos, especialmente de los niños. Queremos promover el matrimonio como el patrón oro de las relaciones de pareja”.
El magistrado ha buscado el apoyo de cuatro patronos para arropar su iniciativa. Como él, todos tienen amplia experiencia en los tribunales de familia. Además, los cinco llevan mucho tiempo casados; si se suman sus años de matrimonio, sale un total de 204. En un momento en que la duración media de los matrimonios británicos se sitúa en 11,4 años, este patronato puede tener un valor pedagógico para la sociedad.
A los 39 años de matrimonio de Coleridge hay que sumar: los 45 años de matrimonio de la baronesa Ruth Deech, juez de familia y profesora univesitaria; los 39 de sir Roger Toulson, juez del Tribunal de Apelaciones; los 27 de la baronesa Fiona Shackleton, juez de familia; y los 54 de la baronesa Elizabeth Butler-Sloss, la juez de familia más veterana de Gran Bretaña hasta que se retiró.
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