jueves, 2 de agosto de 2018

¿Campeones?

Se estrenó en España hace unos meses con bastante éxito la película de Javier Fesser titulada Campeones. En ella un entrenador de baloncesto que se encuentra en una crisis personal, se enfrenta a la tarea de dirigir un equipo de basket de chicos con algún tipo de deficiencia psíquica. La película ha tenido un éxito de publico bastante grande hoy ha sido vista con buenos ojos por la critica. Sin embargo, a pesar de esta visión simpática y tierna de la película, lo cierto es que tanto en España como en los países occidentales, este tipo de personas lo tienen cada día mas crudo, no tanto para el día a día, sino para nacer. Porque la realidad es que en los países desarrollados ese eufemismo eugenésico es aplicado a este tipo de personas para liquidarlas. España es el país del mundo con menor ratio de síndromes de down, (se ha pasado de 15 por cada 10000 nacimientos en 1976 a unos 5 por cada 10000 nacimientos).
En este marco, cabría preguntarse cual es la razón sociológica del éxito de la película ¿Podría se que nuestra conciencia se sienta interpelada por el exterminio silencioso de estas personas? ¿O quizá sea un desahogo almibarado para olvidar el exterminio?... Es curioso que a la vez de promover la masacre de niños deficientes en estado de gestación, en España se den campañas de sensibilización sobre lo maravillosos, risueños y capaces que resultan ser estos niños... niños que por cierto están allí en su gran mayoría porque los diagnósticos prenatales no acertaron a detectar su deficiencia. Es decir por un lado postureamos sobre lo buenos que son, mientras que en la oscuridad los cortamos en pedacitos...

Pues bien quizá convenga llamar cada realidad con su nombre: estos niños son deficientes y es mentira que sean tan capaces como el resto. Para recibir a estos niños que tachamos del libro de la vida mientras nos emocionamos en el cine, es preciso ser un poco héroes: para cuidar de un niño deficiente hay que desechar algunos principios de época como esa libertad entendida como una exhalación de lo que me apetece, y agarrarse a la libertad que es responsabilidad y exigencia. A la vez el cuidado de estos niños trae recompensas que difícilmente alcanzaremos con las baratijas que nos ofrece nuestra sociedad, pero hay que atreverse a amar y a recibir amor con una fuerza que asusta a nuestra generación. es natural entonces que esta generación tenga que ahogar su hipocresía con películas sentimentales.

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