viernes, 9 de marzo de 2018

Hay otra visión de la mujer

Durante estos días estamos confundidas con un bombardeo constante de mensajes desde distintos ámbitos que, en un marco de desigualdad real, trae en muchos casos la confusion a nuestras mentes... hace poco leía a Anne-Marie Slaughter, asesora durante mucho tiempo de Hillary Clinton que, en un determinado momento decide dejar el Departamento de Estado, retomar su carrera como profesora universitaria  para poder pasar más tiempo con su familia. Con varios hijos adolescentes, sentía que aquel era un momento importante para educarlos, y necesitaba estar más cerca de ellos y de su marido, también profesor universitario...sin embargo su decision no fue bien recibida por otras feministas en USA. Algunas sufrieron una decepción (algo así como si “se hubiese bajado del barco”), otras reaccionaron con extrañeza (¿cómo puede una mujer de éxito, que está como bandera de la igualdad abandonar un puesto como ese para cuidar de sus hijos?
Slaughter contesta a esas objeciones, y critica un feminismo que anima a las mujeres a convertirse en “superwomen": personas capaces de prosperar en el ambiente ultracompetitivo de los grandes bufetes o las compañías tecnológicas más punteras; al feminismo que repite como un mantra el “puedes tenerlo todo”.
No es que Slaughter no crea en la inserción laboral de las mujeres, sino que piensa que más que jalearlas a “unirse para la lucha”, es hora de cambiar ciertos hábitos laborales que impiden en la práctica la conciliación entre el desarrollo profesional y la formación de un hogar. Seguir proponiendo modelos espectaculares pero inalcanzables para la mayoría, aunque sea con buena intención, produce frustración en las mujeres que no logran alcanzar ese ideal, y sensación de culpa entre las que deciden aparcar temporal o definitivamente su trabajo para dedicarse a la familia.
Slaughter propone cambiar la “mística de la competitividad” domina gran parte del mercado laboral, según la cual se ponen por encima sectores como el tecnológico, el legal o el financiero sobre otros trabajos más relacionados directamente con el servicio a otras personas como enseñar o cuidar de niños y ancianos... 
Según ella, la misma idea de liderazgo en estos sectores, donde además predominan los hombres, está estrechamente relacionada con la competitividad y con hablar más que escuchar. La solución no es que las mujeres adopten el patrón masculino, sino ir modificando poco a poco estos ambientes.

Propuestas de este estilo son las que Slaughter considera necesarias para avanzar en un feminismo que no excluya a la familia. Sin embargo, más allá de las medidas políticas concretas recomendadas por Slaughter, ella hace una apología del servicio a los demás. La sociedad, llevada por la cultura laboral imperante, ha minusvalorado las tareas relacionadas con el cuidado de otros, ya sean de la propia familia o como trabajo profesional. Es hora de revalorizarlas, facilitando que más hombres y mujeres puedan compatibilizar su trabajo con la familia, y también reconociendo debidamente (por ejemplo, en el sueldo) sectores como el de la educación, el cuidado de los niños o la atención a los enfermos.
Esta es, para Slaughter, la próxima meta hacia la que debería dirigir sus fuerzas el feminismo. 

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