Ya se que voy con un poco de retraso, pero entre la pérdida de la noción del tiempo en la cárcel y la llegada del año nuevo chino, he retrasado un poco la felicitación de este año.
Yo no puedo decir como Noé "ya son nueve años", sino mas bien son uno y pico... Pero como bien decir el clásico, lo que importan no es tanto el tiempo sino el bien que has podido hacer con ese tiempo... Y en el caso que nos ocupa... no sé, no sé.
Yo queria aprovechar esta entrada para hablar de la Navidad, ademas de para comentar el tema de los colaboradores de APC, entre los que echo de menos, y me parece muy feo por parte de Noé, el no citar a Jacinto Jasimoto y al Guardian Jon Nieve, Neira Velasquez...¡por favor! Parece Noe que te has vendido a la nueva tribu de mentes "¿pensantes?". De todas formas se ve en Noe una cierta tendencia a la megalomanía: se aproxima peligrosamente al gorila rojo al decir " me llena de orgullo y satisfacción..." igual que el rey de España en sus mensajes de Navidad. Después agradece a los colaboradores diciendo "...Este Blog es más de ustedes que mío..." mucha razón tienes, ya que casi no escribes tu... Ahora bien, me parece excesivo que califiques como " contribuciones invaluables" a las contribuciones de Cirio y Burriguinio o la memorable oda a la piedra escrita por Willamard después de esnifar unas rallitas...¡"t'has pasao"!...
En cualquier caso es curioso aprovechar las fechas de Navidad y año nuevo para hacer repaso y propósitos de mejora e intentar alegrarnos en un siglo en el que hemos despojado a estas fechas de su sentido último. Que se nos diga que nos alegremos el día de Navidad es razonable e inteligente, pero sólo si se entiende lo que el mismo nombre de la fiesta significa. Que se nos diga que nos alegremos el 25 de diciembre es como si alguien nos dice que nos alegremos a las once y cuarto de un jueves por la mañana. Un hombre podría organizar una fiesta si ha heredado una fortuna, pero no haría nada de eso si la fortuna fuera falsa. No estaría demasiado contento si en vez de millones le hubieran tocado unos puñados de billetes falsos o un montón de monedas de latón. No se puede empezar una fiesta por una herencia falsa.
No se puede empezar una francachela para celebrar un milagro del que se sabe que no es más que un engaño. Al despojar estas fechas del aspecto divino de la Navidad y exigir sólo el humano, se está pidiendo demasiado a las personas. Se está pidiendo a los ciudadanos que iluminen la ciudad por una victoria que no ha tenido lugar.
Hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: no hay frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navida, al Belén o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre.
Mirando a la cara de asombro de los niños mientras contemplan los signos de la Navidad, quizás podemos recuperar su sentido serio y solemne. ¿Un ser infinito que ha querido asumir, respetar y vivir la condición humana, las leyes de la naturaleza y las etapas de la vida, iniciando un viaje en nuestro mundo naciendo bebé y luego siendo niño? ¿Y quiso nacer vulnerable y sin hogar, en una cueva oscura, fría e húmeda? ¿Para ti y para mi?
Si no nos hacemos de nuevo como niños, eso no solo es imposible, pero es un verdadero escándalo. Para una mente asombrada, es una locura que se celebra en la magia de la noche del 25 de diciembre.
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