martes, 20 de febrero de 2018

Fe y evidencias. la fe y la ciencia están mas cerca de lo que creemos

Resulta frustrante pensar que un amor platónico de mis comienzos sea capaz de escribir un artículo tan simplista como el escrito por Ciencia Ficción (SCIFI, uyyy! perdón SciMath), que tras palabreas rimbombantes como gnoseologicas, epistemico... oculta errores de concepto fundamentalmente porque basa, como habitualmente hace ese blog el concepto de fe en fe=ausencia de evidencias, argumento normalmente estirado hasta fe= irracionalidad, lo que fácilmente lleva al concepto de que la fe supone creer en algo que no es razonable, en el sentido de creer en algo que está reñido con la lógica.
La ciencia, nos dicen continuamente, es la forma más fiable de conocimiento que tenemos sobre el mundo, porque se basa en hipótesis contrastables. En cambio, la religión se basa en la fe.  En ciencia, un sano escepticismo es una necesidad profesional, mientras que en religión, creer sin tener evidencia se considera virtud.
Pero la separación entre ciencia y fe no es tan clara, pues  la ciencia tiene su propio sistema de creencias basado en la fe. Recojo aquí algún extracto del libro del físico Paul Davies. “Toda ciencia descansa en el supuesto de que la naturaleza tiene un orden racional e inteligible. Uno no podría ser un científico si creyera que el universo es un revoltijo de cosas yuxtapuestas al azar. Cuando los físicos sondean un nivel más profundo de la estructura subatómica, o los astrónomos amplían el alcance de sus instrumentos, esperan volver a encontrar un elegante orden matemático. Y hasta ahora esta fe ha mostrado estar justificada”.
La expresión más refinada de la inteligibilidad racional del cosmos se encuentra en las leyes de la física, que son las reglas fundamentales del funcionamiento de la naturaleza”, prosigue Davies. “Pero ¿de dónde vienen esas leyes? Y ¿por qué tienen la forma que tienen?” Si se plantean estas preguntas a los físicos, unos responden que no son cuestiones científicas, otros que no se sabe; la mayoría dice que no hay razón alguna para que las leyes físicas sean como son: simplemente son así. Entonces, comenta Davies, “un científico ha de tener fe en que el universo está regido por leyes matemáticas seguras, inmutables, absolutas y universales de origen desconocido. Hay que creer que esas leyes no fallarán, que mañana al despertar no nos encontraremos con que el calor fluye de las cosas frías a las calientes, ni que la velocidad de la luz cambia cada hora”.

Pero “la tesis de que la existencia de las leyes no obedece a razón alguna es profundamente anti-racional”. La explicación científica de cualquier fenómeno se basa en que hay razones para que las cosas sean como son. Si al final resulta que los fundamentos de la realidad, las leyes de la física, no tienen razón que los sustente, es como una burla de la ciencia.

De hecho, en los últimos años ha ido aumentando el número de científicos que no rehúsan plantearse la cuestión del origen de las leyes físicas. Por un lado, ha ido ganando aceptación la idea de que “la aparición de la vida en el universo, y por tanto de observadores como nosotros, depende de la forma de las leyes. Si las leyes de la física no fueran más que un batiburrillo de reglas, casi con toda certeza no habría vida”. Por otro lado, también se ha extendido la hipótesis de que las leyes que considerábamos básicas y universales podrían ser en realidad leyes particulares de nuestro universo, distintas de las de otros universos. Así, otros universos están regidos por leyes físicas incompatibles con la vida, pero naturalmente nosotros estamos en uno con leyes que nos permiten existir.

Sin embargo, esa segunda teoría, observa Davies, no responde a la cuestión sobre el origen de las leyes. Pues tendría que haber un proceso físico que hiciera surgir los distintos universos y otorgara leyes particulares a cada uno. Y tal proceso habría de tener sus propias leyes, o meta-leyes. ¿De dónde habrían venido?

Davies concluye que “tanto la religión como la ciencia se fundan en la fe, o sea, en la creencia de que existe algo exterior al universo y que no se explica, bien Dios, bien un conjunto de leyes físicas o tal vez incluso un enorme conjunto de universos desconocidos”. Esta coincidencia no es tan extraña, pues “la misma noción de ley física es teológica en su origen”. Procede, como muestra el caso de Newton, de la doctrina cristiana, según la cual Dios creó el mundo y le confirió un orden racional.

Por tanto, no hay posibilidad de explicar por qué el universo físico es como es, dice Davies, si se atribuye su fundamento a leyes que carecen de justificación o vienen impuestas por la divina providencia. Sería necesario, más bien, considerar las leyes físicas y el universo regido por ellas como partes de un sistema unitario y encajarlas en un esquema explicativo común. Hasta que la ciencia no lo logre, mientras no ofrezca “una teoría contrastable de las leyes del universo, su pretensión de estar libre de fe es manifiestamente falsa”.

Paul Davies, entrevista NYT 24/11/2007
Paul Davies, God and the New Physics, Dent, Londres (1983)


miércoles, 17 de enero de 2018

Cristianismo primitivo

En esta entrada presento un breve resumen de un libro recientemente publicado por Rodney Stark Profesor de sociología y religion comparada en la universidad de Washington. En su libroThe Rise of Christianity, Stark pone en tela de juicio muchas de las ideas comúnmente admitidas sobre el cristianismo primitivo, tanto por cristianos ortodoxos como por escépticos recalcitrantes

Stark se pregunta: "¿Cómo pudo un diminuto y oscuro movimiento mesiánico, venido de un extremo del Imperio romano, desplazar al paganismo clásico y convertirse en la fe dominante de la civilización occidental?". Este prestigioso sociólogo profesional no busca explicaciones sobrenaturales -que, al fin y al cabo, son cuestión de fe-, sino más bien datos puramente sociológicos. Naturalmente, un cristiano verá en tal expansión y continuidad un signo inequívoco de la intervención del Espíritu Santo, que Cristo prometió que permanecería con su Iglesia hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, el cristiano también cree que la gracia perfecciona la naturaleza y que Dios gusta servirse de causas segundas para extender el mensaje cristiano.
Stark emplea las herramientas de su oficio, así como sus propias investigaciones y las de otros, para explicar el desarrollo singular del cristianismo. Por qué Dios hizo de los judíos su pueblo elegido y a la Iglesia católica la continuación espiritual de éste, sigue siendo un misterio en la mente divina al que no tenemos acceso. En último término, los métodos sociológicos no podrán explicar todo; pero ciertamente ayudan a comprender el atractivo humano de la fe, que ha provocado una corriente ininterrumpida de conversiones a lo largo de los siglos. Aquí examinaremos sólo algunas de estos interesantes análisis y conclusiones.
No sólo desheredados
Contra la opinión habitual, Stark sostiene que el cristianismo no fue sólo un movimiento propio de desheredados, un refugio para esclavos y para las masas depauperadas de Roma, sino que se encontraba también establecido en las clases medias y altas. Esta afirmación en modo alguno va en detrimento de la "opción preferencial por los pobres", que siempre ha distinguido a la Iglesia y que procede directamente de Cristo mismo. Esa tesis significa simplemente que el cristianismo se difundió mucho más de prisa en las ciudades populosas, mientras que los pobres, en su mayor parte, habitaban en el campo.
Este predominio de las clases medias y altas haría surgir, gracias a la generosidad de los primeros cristianos, una eficaz red de asistencia social en favor de las personas ancianas, viudas y huérfanas, así como cementerios cristianos y, con el tiempo, lugares de culto, que antes del edicto de Milán, por supuesto, estaban situados en viviendas familiares.
Éxito con los judíos
Una de las conclusiones más llamativas de la investigación realizada por Stark es que, contra lo que suele afirmarse, la evangelización de los judíos por parte de los primeros cristianos fue, en gran medida, un éxito y se prolongó sin pausa hasta el año 300. Según Stark, los cuatro o cinco millones de judíos de la diáspora se habían "adaptado a la vida fuera de Israel de tal forma, que el judaísmo de Jerusalén les resultaba lejano: de ahí la necesidad, ya en el siglo III a.C., de una traducción de la Torah al griego, destinada a los judíos que residían fuera de Israel" (la versión de los Setenta). Para los judíos que vivían en el mundo helénico, "el cristianismo suponía poder conservar gran parte del contenido religioso de ambas culturas y resolver las contradicciones entre ellas".
Como se ve en los Hechos de los Apóstoles, los primeros cristianos, encabezados por San Pablo, se dirigieron, como era natural, a las comunidades judías de los grandes centros urbanos. Aquellas comunidades, habituadas a recibir maestros venidos de Jerusalén, no se escandalizaban tan fácilmente de la opresión romana que había sido responsable, al menos en parte, de la crucifixión de Jesús. Los hallazgos arqueológicos muestran que las primitivas Iglesias cristianas fuera de Palestina estaban concentradas en los barrios judíos de las ciudades.
Pero Stark no se detiene aquí. Aduce que hacia el año 250, cuando había aproximadamente un millón de cristianos (de acuerdo con su estimación de la tasa de crecimiento, que sitúa en el 40% anual), la gran mayoría debían de ser judíos, de modo que quizá hasta uno de cada cinco judíos de la Diáspora eran conversos al cristianismo. Uno de los problemas más difíciles al que tuvo que hacer frente el episcopado católico, ya bien entrado el siglo V, pudo ser el de persuadir a los judíos recién convertidos a dejar de frecuentar la sinagoga y a abandonar las costumbres judías.
Solidaridad cristiana
En el año 165, durante el reinado de Marco Aurelio, se desató una epidemia que, en el transcurso de quince años, causó la muerte de un tercio de los habitantes del Imperio, Marco Aurelio incluido. En el año 251 se declaró una epidemia parecida, probablemente de sarampión, con resultados similares. En general, los historiadores concuerdan en que estas epidemias produjeron un despoblamiento que contribuyó a la caída del Imperio romano más que la degeneración moral a la que se suele atribuir el hundimiento.
Stark señala que estas epidemias favorecieron la rápida difusión del cristianismo por tres razones. La primera, porque el cristianismo ofrecía una respuesta más satisfactoria que la brindada por el paganismo antiguo a la pregunta sobre el sufrimiento de los inocentes; una respuesta basada en la pasión y muerte de Cristo. En segundo lugar, "los valores cristianos del amor y la caridad se habían traducido, desde el principio, en normas de servicio social y solidaridad. Cuando sobrevenía algún desastre, los cristianos tenían mayor capacidad de respuesta, lo que producía tasas de supervivencia notablemente superiores. Esto significa que, tras cada epidemia, los cristianos constituían un porcentaje mayor de la población, aun sin contar los nuevos conversos".
Stark concluye: "Durante las epidemias, en cierto modo el paganismo 'cayó fulminado' o al menos contrajo una enfermedad mortal: fue víctima de su relativa incapacidad para enfrentarse social o espiritualmente con estas crisis; incapacidad que puso súbitamente de manifiesto el ejemplo de su nuevo contrincante".
La Iglesia atraía a las mujeres
En un capítulo que es de especial importancia en los debates actuales sobre el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, Stark muestra, con pruebas impresionantes, que "el cristianismo resultaba extraordinariamente atractivo para las mujeres paganas, porque en la subcultura cristiana la mujer disfrutaba de un status muy superior al que le otorgaba el mundo grecorromano en general". Stark muestra que el cristianismo reconoció la misma dignidad a la mujer y al hombre, como hijos de Dios con el mismo destino sobrenatural. Además, la moral cristiana, al rechazar la poligamia, el divorcio, el aborto, el infanticidio, etc., contribuyó al bienestar de las mujeres cambiando su status de siervas impotentes al servicio de los hombres, por el de personas con dignidad y derechos tanto en la Iglesia como en la sociedad civil.
De aquí saca Stark cuatro conclusiones. Primera, que en las comunidades cristianas se produjo rápidamente un importante excedente de población femenina, a consecuencia de la prohibición cristiana del infanticidio -que normalmente se aplicaba a las niñas- y del aborto -que a menudo ocasionaba la muerte de la madre-, así como por la alta tasa de conversiones al cristianismo entre las mujeres. Segunda, que las mujeres gozaban de un status muy superior en las comunidades cristianas, como ya se ha dicho. Tercera, que el excedente de mujeres cristianas dio lugar a gran número de matrimonios mixtos, que a su vez provocaron la conversión de muchos maridos paganos, fenómeno que continúa dándose hoy día. Finalmente, como las mujeres cristianas tenían más hijos, esta mayor fecundidad contribuyó a la expansión del cristianismo.
Humanizadores de las ciudades
Con las herramientas de la sociología y de la demografía, Rodney Stark muestra de modo concluyente que la expansión del cristianismo fue un fenómeno casi exclusivamente urbano por una razón muy lógica: como en las ciudades estaba la mayoría de la gente, en especial los judíos helenizados, allá fueron los primeros misioneros y allí se dieron las primeras conversiones.
Antioquía, una de las primeras ciudades evangelizadas, sirve a Stark de modelo para su estudio. La describe como "una ciudad llena de miseria, peligros, temores, desesperación y odio. Una ciudad donde las familias corrientes llevaban una vida miserable en barrios inmundos y angostos... una ciudad llena de odio y de temor por los fuertes antagonismos étnicos, exacerbados a causa del constante flujo de forasteros; una ciudad donde abundaba la delincuencia y donde las calles eran peligrosas por la noche; una ciudad varias veces arrasada por catástrofes, donde cualquier habitante podía contar con que se quedaría sin techo al menos alguna vez, si es que tenía la suerte de estar entre los supervivientes".
Stark subraya que el cristianismo trajo una nueva cultura que hacía la vida más tolerable en las ciudades grecorromanas: "En ciudades llenas de personas sin techo y de indigentes, el cristianismo ofrecía tanto caridad como esperanza. En ciudades repletas de inmigrantes y de forasteros, el cristianismo ofrecía una base inmediata para la acogida. En ciudades llenas de huérfanos y viudas, el cristianismo proporcionaba un nuevo y dilatado sentido de familia. En ciudades desgarradas por violentas luchas étnicas, el cristianismo ofrecía un nuevo fundamento para la solidaridad. Y en ciudades que padecían epidemias, incendios y terremotos, el cristianismo ofrecía unos eficaces servicios de asistencia sanitaria".
Mártires: pocos, pero influyentes
En un pasaje muy citado, Tertuliano dice que "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos". Al hablar de los primeros mártires del cristianismo, Stark plantea la pregunta de siempre: "¿Qué les llevaba a hacerlo?"; pero no da la respuesta habitual entre los historiadores no creyentes, que consideran a los mártires un tanto locos o masoquistas, en el peor de los casos, o irracionales, en el mejor.
Stark sostiene que los mártires, ante la alternativa de renunciar a su fe ofreciendo sacrificios a los ídolos o morir para alcanzar lo que tenían por un bien mayor -el paraíso-, simplemente hacían una elección racional. "Los mártires son los exponentes más creíbles del valor de una religión, sobre todo si el martirio es voluntario. Aceptando voluntariamente la tortura y la muerte antes que desertar, una persona pone en la religión el valor más alto que pueda imaginarse y manifiesta este valor a otros. En efecto, lo normal era que los mártires cristianos tuvieran oportunidad de mostrar su firmeza ante un gran número de cristianos, y el valor del cristianismo, así manifestado, a menudo impresionaba también, hondamente, a los paganos que lo presenciaban".
El autor plantea una pregunta más: "¿Cómo podía aceptar una persona racional las torturas más refinadas y la muerte a cambio de una recompensa religiosa intangible e incierta?". La respuesta que da es la sensata, aunque no necesariamente la que alguno quisiera o esperara recibir. "En primer lugar, probablemente muchos primeros cristianos no fueron capaces de comportarse así, y se sabe de algunos que se retractaron cuando se vieron en esa tesitura. En segundo lugar, las persecuciones fueron raras, y sólo un pequeño número de cristianos llegaron a ser martirizados... Había, sorprendentemente, poco interés en perseguir a los cristianos, y cuando se desencadenaba una persecución, normalmente se dirigía contra obispos y otras figuras prominentes".
Así, según Stark y otros sociólogos, sólo fueron martirizados algunos miles a lo largo de dos siglos y medio, y no los centenares de miles o incluso millones que a veces dicen entusiastas historiadores cristianos. Hubo, sin embargo, considerable número de desertores y apóstatas que no superaron la prueba del martirio. Lo que ocurre, dice Stark, es que probablemente conocemos los nombres e historias de la mayoría de los mártires, porque los martirios solían ser presenciados por muchos, tanto cristianos como paganos: de ahí que surgiera, casi de modo inmediato, el culto a los mártires.
Por otra parte, a causa tanto del sambenito que la sociedad colgaba a los cristianos como del peligro de persecución e incluso de martirio, el cristianismo estuvo, en gran medida, libre de los que Stark llama "aprovechados" (free riders): los que buscan las ventajas de la religión sin los sacrificios y obligaciones que comporta. Quizá pudiéramos decir que entre los primeros cristianos había mucho más trigo que cizaña.
Modelo para la nueva evangelización
Así pues, ¿por qué se expandió tanto el cristianismo? Según Stark, "porque los cristianos constituían una comunidad muy unida, capaz de generar la 'invencible obstinación' que tanto indignaba a Plinio el Joven pero que daba inmensas recompensas espirituales. Y el principal medio de esta expansión fue el empeño, unánime y ardiente, de los cada vez más numerosos creyentes cristianos, que invitaban a sus amigos, parientes y vecinos a compartir la 'buena nueva'".
En el núcleo de esta disposición a compartir la fe estaba la doctrina, lo que había de creerse. "Las enseñanzas centrales del cristianismo promovieron y sostuvieron una organización y unas relaciones sociales eficaces, atractivas y liberadoras".
Esa doctrina central, radicalmente nueva para un mundo pagano que gemía bajo un cúmulo de miserias y estaba saturado de una crueldad caprichosa, era, por supuesto, que "como Dios ama a la humanidad, los cristianos no pueden agradar a Dios si no se aman unos a otros".
Este libro muestra que, a la larga, el cristianismo sobrevivió y continúa prosperando gracias a la influencia personal de quienes viven de acuerdo con sus principios, gente corriente que aspira a la santidad según el modelo de Cristo. Esta conclusión ratifica el núcleo del mensaje del Concilio Vaticano II, tan a menudo recordado por el Papa actual: la llamada a la santidad personal, que por fuerza lleva a la evangelización a través del testimonio personal y la vida familiar.
Juan Pablo II ha llamado repetidas veces a la "reevangelización" de Occidente, y él personalmente ha llevado el Evangelio al mundo entero utilizando todos los avances tecnológicos de este siglo -desde el avión a reacción hasta Internet-, de un modo impensable y, desde luego, humanamente imposible para sus predecesores. Si queremos construir "una civilización del amor y de la verdad" en el tercer milenio, parece indispensable seguir estudiando cómo lo hicieron -o lo empezaron- los primeros cristianos, con tan espléndidos resultados. Este libro nos ofrece respuestas concretas, a la vez que sugerencias para ulteriores estudios, en este momento en que, por usar las palabras de Juan Pablo II, "cruzamos el umbral de la esperanza" hacia una "nueva primavera de vida cristiana".

Ser en la vida romero

Desde la cautividad, y como suelo hacer cada cierto tiempo publico esta vez unas poesía para empezar bien el año. Como decía el escritor, me gusta la poesía porque el poeta es el hombre cuerdo. Se oye decir que la imaginación, y especialmente la imaginación mística, es un peligro para el equilibrio mental del hombre. “Se habla de los poetas generalmente como de individuos cuya psicología inspira poca confianza;Pero semejante juicio queda plenamente rectificado por los hechos y las enseñanzas de la historia. Casi todos los poetas verdaderamente superiores, además de haber sido gente muy sana, fueron hombres de notable laboriosidad. [...] La fantasía nunca arrastra a la locura; lo que arrastra a la locura es precisamente la razón. Los poetas no se vuelven locos, pero sí los jugadores de ajedrez. Los matemáticos enloquecen lo mismo que los tenedores de libros; pero es muy raro que enloquezcan los artistas creadores” Porque un poeta solo pretende tocar el cielo con su frente mientras que el lógico se empeña en meterse el cielo en la cabeza hasta que le estalla...
Bien, pues ahí va la poesía, de Leon Felipe, que nos habla de ser sensibles ante la belleza, de no acostumbrarnos... muy bella


“Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

martes, 21 de noviembre de 2017

Hitler "el católico" parte I

Escribo hoy mi blog otra vez desde la cárcel ... no os alarméis, solo es prisión preventiva mientras se celebra el juicio...
Existe un tema recurrente en APC que en los últimos comentarios del blog han vuelto a salir (lo hacen de modo recurrente) y es el catolicismo de Hitler, y su relación con el genocidio judío. Es lógico ya que es uno de los temas estrellas de Jacinto: uno de los días a la salida de la taberna de regreso a su ciberbunker, decidió que escribiría una “colaboración” sobre el tema, colaboración que se alargo a una famosa trilogía, que de alguna manera han quedado en el archivo de APC ya que no conviene sacarlas mucho por sus frecuentes “erratas” históricas.
En cualquier caso su argumentación, se basa en dos hechos:
  • Hitler fue bautizado católico (CIERTO!!!! OMG!!! Un dato verídico aportado!!!), y como tal defendió que su misión era una misión divina,  incluido el genocidio... en sus palabras...”Lo que Cristo, figura mítica, dicen que dijo da igual , no se trata de eso sino de que Hitler y los nazis eran cristianos y Hitler profundamente católico y pro-vida”.
  • La iglesia católica simpatizó con la causa nazi y no hizo nada, especialmente el papa Pío XII por frenar el genocidio, es más se insinúa que se vio, por parte de muchos católicos con buenos ojos... y ahí se habla y se aportan datos sobre los ustachi, y sobre las preferencias de la Iglesia por los regímenes fascistas...


El primer punto es argumentado por Pardo a partir de frases entrecomilladas, algunas sin ninguna referencia (como la de que tras recibir la confirmación Hitler quería ser cura...) y otras de discursos, normalmente realizados durante sus campañas electorales previas a su llegada al poder o como parte de su primer gran logro diplomático que fue la firma del concordato con la iglesia católica. Existe algo que Jacinto y su vocerío (incluido el cualificado como Cuerno) han aprendido de Goebels “Una mentira, repetida mil veces, al final termina siendo una verdad" 

En cualquier caso, vamos a dedicar un par de artículos a aportar algunos datos mas para que Jacinto pueda “pulir” sus artículos...
Efectivamente Hitler fue bautizado en la Iglesia católica, hizo la primera comunión y recibió la confirmación,  fundamentalmente empujado por su madre, devota católica más que por su padre de una espiritualidad mucho más fría. Posteriormente su práctica religiosa fue prácticamente nula. Es falsa la afirmación gratuita de Jacinto al decir que cuando se confirma desea ser sacerdote ya que aunque Hitler adolescente no desea recibir la confirmación cede ante la insistencia de su madre, tal y como recogen muchos de sus biógrafos (ver bibliografía posterior) Durante el ascenso del partido Nazi al poder hace frecuentemente uso de la religión cristiana  para ganar adeptos aunque en la intimidad desprecia las creencias cristianas y especialmente la doctrina católica, tal como se refleja en los diarios y memorias de sus colaboradores mas cercanos.
El uso que se hace de esa base cristiana para ganar adeptos resulta también patente en algunas menciones que se hacen en Mein Kampf como guiños al cristianismo. Sin embargo,  la propuesta desde el partido Nazi en 1922 de el Positivismo Cristiano, una doctrina sucedánea alejada de los origenes judios del cristianismo, del credo de los apóstoles y que negaba la divinidad de Jesucristo... Posteriormente, con el ascenso al poder del partido Nazi, fueron cobrando poder en el partido aquellos miembros más claramente anticristianos y ateos: Rosenberg, Bormann, Goebbles o Himmler. Rosenberg, un notable anti-católico, es escogido en 1934 como ministro de educación y cultura. El mismo describe en “mitos del siglo 20” a la iglesia católica como uno de los principales enemigos del nazismo. (The Myth of the XX Century, Alfred Rosenberg, 1930). En palabras de Goebbles (otro nacido y bautizado católico) “existe una oposición irresoluble entre el cristianismo y la visión heroica alemana del mundo” (Ian Kershaw; Hitler a Biography; 2008 Edn; W.W. Norton & Co; London; pp. 381–82). Himmler, por su parte, indica que uno de los papeles de la Schutzstaffen (SS) es “derrotar al cristianismo y restablecer el modo de vida germánico”(Peter Longerich; Heinrich Himmler;  Oxford University Press; 2012; p.270). Después de la firma del concordado con la Iglesia Católica en 1933, las violaciones de los acuerdos fueron constantes, tal y como pronosticó Dietrich von Hildebrand “ese documento tiene menos valor que el papel en el que está escrito” (My Battle Against Hitler: Faith, Truth, and Defiance in the Shadow of the Third Reich, Dietrich von Hildebrand, 2014.). En las memorias de Goebbles y en los Tischgespräche im Führerhauptquartier recogidos por Martin Bormann se pueden ver claramente el desprecio de Hitler por las creencias cristianas en general y en particular por las católicas.( La oposición de la iglesia a la ley de la eutanasia y eugenesia nazi (Jacinto, que Hitler era pro-vida!!!) le causó especial irritación. En palabras de su biógrafo Alan Bullock el cristianismo para Hitler era una religión de esclavos y detestaba profundamente su ética en particular. Sus enseñanzas eran una rebelión contra la ley natural de la supervivencia de los mejores y mas adaptados. (A. Bullock, Hitler, a Study in Tyranny, 1952).

Pero no nos podemos, como dice Jacinto quedar solo en palabras: la prensa y colegios católicos fueron paulatinamente desapareciendo entre 1935 y 1941. , en 1940 en el campo de concentración de Dachau existía una barraca de clérigos, con 2720 sacerdotes de los que el 94% eran sacerdotes católicos. De ellos 400 alemanes…
En el juicio de Nuremberg, se presentó como evidencia el plan de lucha y exterminio de las iglesias (Nuremberg trials, Nazi Master Plan, Annex 4, OSS report).


En cualquier caso, las cosas como son Jacinto, Hitler era católico, bautizado y confirmado, igual que tu eres católico, que Noe es católico, que Cuerno es católico, que Stalin era ortodoxo, etc, etc…

lunes, 20 de noviembre de 2017

Trata de blancas

Desde la celda de prision preventiva, a la espera de juicio posteo este artículo, colaboración de mi amiga Mabel Lozano, de denuncia de una de las lacras del siglo XX y XXI, la trata de blancas.
Cuando se habla de prostitución y el negocio creado en torno al sexo, resulta curioso como la progresía bien pensante se coloca en la postura de lo políticamente correcto: “libertad”, “dejarles usar su cuerpo como quieran, muchas de las prostitutas disfrutan de su profesión y la eligen ellas”, “les da una oportunidad en la vida...”  Esta postura es aplaudida y jaleada por los que hacen negocio de ella, entre ellos gran parte de la prensa que con un silencio culpable siguen con sus anuncios de contactos, un negocio lucrativo para ellos, sin pensar que hay detrás de ellos... pero la triste realidad, denunciada solo por personas como Mabel Lozano y por organizaciones religiosas es otra muy distinta... como botón de muestra este artículo

El pais  13 nov 2017

En primavera de 2000 llegó al aeropuerto de Madrid la selección nacional femenina de Colombia de taekwondo. 19 chicas que salieron por la puerta en fila india, ataviadas con el chándal oficial (azul, amarillo y rojo) y el escudo de la Federación. No tuvieron problemas con Inmigración pese a ser un vuelo 'caliente'. Contaban con sus visados obtenidos en el consulado de Colombia. Habían presentado sus fichas federativas y, desde luego, tenían la invitación y el programa de la competición que venían a disputar a España. Entre la documentación también contaban con papeles de un gimnasio de artes marciales de Cali en el que habían sido inscritas. Al llegar a Madrid, un autobús las desplazó a Valdepeñas, y allí se cambiaron los chándales por lencería para ser paseadas ante un grupo de hombres antes de ser distribuidas en diferentes clubes de España. En Colombia no existía ninguna federación de artes marciales, las chicas nunca se habían subido a un tatami, el chándal fue encargado por un matón, la invitación y el programa del gimnasio eran una patraña, el entrenador era el hombre que las había captado en Colombia y el proxeneta que las recibió en Barajas había ganado una apuesta a sus socios: conseguir meter el mayor número de mujeres en Madrid para ser prostituidas. Como lo consiguió, se quedó con todas las chicas y un BMW. Se trataba de Miguel, el Músico.
Hola, soy proxeneta". Ese fue el mensaje que recibió la directora Mabel Lozano, activista contra la trata de mujeres (ha realizado dos películas, la última Chicas Nuevas 24 Horas). Lozano esperaba la llamada. La gestión se produjo gracias a la intermediación de José Nieto Barroso, inspector jefe de la Unidad contra Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF). Nieto Barroso llevaba años en contacto con El Músico, que en un momento de su carrera criminal empezó a colaborar con la Policía como 'boquerón', chivato. El Músico fue uno de los primeros grandes jefes de la trata y secuestro de mujeres en España en una década, los 90, en la que el negocio de la prostitución cambió de tercio: de ser los chulos los que proveían a los clubes de mujeres españolas, fueron los propios clubes, a través de una estructura mafiosa con infiltraciones en policía, justicia y política, los que empezaron a 'importar' miles de mujeres extranjeras engañadas. Su larguísima confesión en forma de libro ('El proxeneta', Alrevés, 2017) contrastada con fechas, cifras y comisión de delitos en poder de la UCRIF, es la primera que revela el funcionamiento de la trata y prostitución en España. Un país en el que, según datos del Gobierno, se mueven alrededor de este negocio unos cinco millones de euros al día y fueron identificadas, en 2016, 14.000 víctimas de trata: apenas la tercera parte de las mujeres captadas en sus países de origen por las organizaciones criminales.
"La primera regla que se aprende es a no mirarlas como tuyas, sino como la materia prima de tu negocio. Es importante no involucrarse en su vida más allá de lo necesario (...) Simplemente es una propiedad, como la Coca-Cola que vendes, y hay que tratarla como tal. Si te involucras en su vida o en sus problemas, te puede afectar, porque esa mercancía tiene sentimientos (...) Creamos una forma de vida que se sostiene gracias a la esclavitud, sin siquiera saberlo o pensarlo (...) La trata dio paso a los macroburdeles para los clientes, que no eran otra cosa que cárceles de lujo repletas de miseria, para las mujeres esclavas de un sistema nuevo y cruel. Las convertimos en grandes máquinas expendedoras de dinero", dice Miguel, nombre falso cuyo apodo (El Músico) es real, así como las localizaciones y los sobrenombres del resto de proxenetas, todos aún en activo o encarcelados: Chepas, Dandy, Gallego... "No es un asunto de sexo, es un asunto de coco. Un buen chulo no cobra por follar; lo hace por tener la respuesta adecuada para lo que preocupa a una puta", dice Iceberg Slim en un libro autobiográfico (Pimp, memorias de un chulo, Capitán Swing, 2016).
Debajo de ese mundo regido sin códigos, donde la degradación moral alcanza niveles irreversibles (pura esclavitud: palizas, violaciones, sometimiento a base del terror y la amenaza perpetua sobre sus familias en sus ciudades de origen, visitadas frecuentemente por el captador si la chica no rinde o da problemas) se entronizan hombres como Miguel, el Músico, y se van por el desagüe vidas como la de Lucía, que llegó con 18 años a Madrid, dejando a su hijo en Colombia al cuidado de su madre para trabajar de camarera, pagar su deuda con los tratantes y quedar libre para ahorrar un dinero durante meses que en su país sería una fortuna. Ya en España se le comunicó que tenía que prostituirse. Son reacciones, dice el Músico, "clonadas". Enmudecen. Luego entran en estado de shock y empiezan a llorar. De forma inagotable. Porque saben que no hay vuelta atrás, que se han quedado atrapadas
"Nadie se levanta una mañana y decide ser puta, pero nosotros tenemos la tela de araña perfectamente tejida donde caben las promesas de una vida mejor para ella y los suyos, los halagos que le gusta escuchar y algunas ayudas insignificantes que le presentamos como grandes favores y que ella nos agradece como si lo fueran. En cuanto la mosca pega sus diminutas patitas a la red pringosa, ya le es imposible soltarse. Y ahí se queda. Cazada. Lista (...) La balanza del acuerdo verbal no se inclina a ambos lados por igual. Por eso el supuesto consentimiento de las víctimas no es más que una farsa donde no existen los requisitos éticos imprescindibles en cualquier relación personal, social o laboral (...) Yo surtí, durante años, a doce de los mejores macroburdeles que existen en la actualidad en España. Los llené de esa materia prima que los puteros llaman 'carne fresca', día a día. Y jamás me paré a pensar si la mercancía que yo importaba eran personas como yo. Ellas eran otra cosa. Eran putas".
Asumido el golpe, Lucía hizo de tripas corazón "con enorme disciplina y a destajo". En tres meses consiguió los 6.000 euros del dinero que creía deber a Miguel por sacarla de su país y darle un trabajo. También había pagado cada día los 50 euros que se abonan para poder bajar al salón y ejercer allí. Se presentó en el despacho de su proxeneta con una sonrisa "de satisfacción y felicidad". Miguel hizo cuentas delante de ella y le dijo que ya solo le faltaban 425 euros para cumplir la deuda. La convenció de que dentro de un mes volvieran a hablar, pero necesitaba extender su visado por tres meses en España para poder seguir en el club "ya sin deuda" y ahorrar para volver a su país con dinero para su familia. La extensión del visado es gratuita, pero Miguel le dijo que costaría "apenas" 1.200 euros. Le explicó que con ese visado estaría tranquila en España en caso de una redada. Quieren todas lo mismo, dice Miguel: estar en España legalmente, ahorrar y volver con dinero a sus casas. Por eso Lucía regresó al mes siguiente creyendo la deuda saldada al despacho de Miguel, pero ésta había crecido; el proxeneta sumó un gasto que "había olvidado", el de la pensión diaria: cama y comidas. Sumado todo, incluido lo anterior, Lucía ya debía más dinero que en su primera visita. "Se empezó a morir por dentro", dice Miguel.
Pasaron los meses con nuevas promesas incumplidas, cientos de clientes ("aquí de viene a chupar y follar"), hasta que un día Lucía no apareció en el salón. Tampoco se había escapado ("en este negocio lo más importante es lo que está en la puerta") ni estaba en su cuarto. Finalmente apareció: lo hizo tirada en un charco de sangre en el baño. Se había cortado las venas. La llevaron al hospital, donde le salvaron la vida de milagro. Al regresar días después al club había envejecido veinte años. "Esa mujer mayor que había devorado sin compasión a la joven y bella Lucía dio por hecho que a su deuda interminable se le sumarían las facturas de la ambulancia, el médico, el hospital, las medicinas, la diaria, e incluso una multa por su intento de suicidio". La tuvieron prostituyéndose más tiempo en otro club, éste de Denia, y al cabo de unos meses tuvieron que ingresarla en un hospital psiquiátrico. Había muerto del todo. Nunca volvió a Colombia, nunca supo más de su madre, nunca volvió a ver a su hijo.
El libro que Mabel Lozano ha escrito basándose en decenas de entrevistas con El Músico explica la realidad del mundo de luces de neón y clubes repartidos por todos los pueblos, ciudades y carreteras de España. "Llegamos a ser los propietarios de algunos de los mejores burdeles de España: El Leidys, en Denia; El Glamour, en Córdoba; El Privé, en Tarragona; La Rosa Élite y El Venus, en Valdepeñas; Los Charlys, en Consolación; El Estel, en el Vendrell; El París, en Puerto de Sagunto; El Cuatro Hermanas, en el Puxol; Las Palmeras, en Castellón...". Un mundo a la vista y consumo de todos poblado de mujeres explotadas que llegaban a España de las más diversas maneras, siempre engañadas y después traicionadas, como campeonas de un deporte que en su país no existe para ser destinadas, como mercancía, a un esclavismo que desconocían que existiese en el siglo XXI. En un país, España, en el que no está perseguido penalmente el proxenetismo en todas sus formas, por ejemplo la consentida. Y en el que las víctimas tiene más miedo a la justicia que a sus captores por la amenaza que estos representan sobre sus familias. "Apenas se invertían mil doscientos o mil quinientos euros, todo lo más", resume El Músico. "Pero ellas se convertían en un cheque en blanco. El beneficio de su explotación podía superar los doscientos mil euros. ¡Se hubieran necesitado diez kilos de cocaína para alcanzar la misma cifra que con una sola víctima!".

viernes, 13 de octubre de 2017

Hispanidad

Dado que en la actualidad me encuentro muy ocupada con juicios y abogados por mi presunta implicación en el envenenamiento del hermanísimo, aprovechó esta entrada para poner un artículo de Maria Elvira Roca, a propósito de la Hispanidad. Dado que en APC se tiende a asimilar la conquista y colonización y “genocidio” a la confabulación española y católica (siempre que se pueda mezclar esta bien, ya que se matan dos pájaros de un tiro...) De cualquier forma el artículo es revelador... igualito que los “de Burri”.
Allá va...
En 1700 el Imperio Hispanoamericano tiene más de ocho millones de habitantes, censados en su mayoría. Y se censa a todo el mundo: nativos, mestizos y peninsulares. Las colonias británicas apenas superan los 200.000 habitantes. Cualquier intento de forzar paralelismos es una burda falsificación. La variedad de vocabulario que nace para definir tanto mestizaje es espectacular. Afirma Hugh Thomas: "El mestizaje fue la mayor obra de arte lograda por los españoles en el Nuevo Mundo, una mezcla de lo europeo y lo indio. A aquellos que piensen que se trata de una afirmación obvia, les pediría que consideren cuán raro fue este estado de cosas entre los anglosajones y los indios de Norteamérica".
Ese mundo rico, próspero y variado llegó a su fin. Y todas las partes de ese imperio abandonaron la primera división de la Historia para pasar a formar parte del furgón de cola y ser lo que nunca habían sido: el personal de servicio del blanco protestante. Como primer logro de aquella libertad tan ansiada, México pierde el 52% de su territorio y comienza la historia eterna de la deuda. Los que vivieron toda su vida bajo el amparo del real de a ocho, el spanish dollar, sin duda pensaron que aquella moneda secularmente estable cuyo valor era reconocido en todo el planeta era un producto de la naturaleza. Hasta entonces los virreynatos no tenía deudas. Qué extraordinaria inocencia creer que todo iba a seguir igual e incluso mejor sin el paraguas protector de aquella formidable maquinaria imperial. Vaya por delante que no estoy diciendo que a ellos les ha ido mal sin nosotros. Porque es igualmente cierto que a nosotros nos ha ido mal sin ellos. Lo que digo es que a nosotros nos ha ido mal sin nosotros o, dicho en otros términos, que ellos y nosotros hemos estado fatal administrando los pronombres.
Tras el derrumbe, la España peninsular se ve arrastrada por guerras civiles en cadena y las tendencias disgregadoras son tan fuertes que el país se ve una y otra vez al borde de la desintegración. Y aquí estamos. Nada nuevo bajo el sol. No tiene nada de particular que las angustias que se viven a un lado del Atlántico tengan su reflejo en la otra orilla. A fin de cuentas, España no era dueña de aquel imperio, sino una parte de él y, en consecuencia, comparte su destino. En las angustias bolivarianas del chavismo, Felipe González cruzó el charco para defender a los demócratas de los profetas de la pobreza y la violencia. El domingo 8 de octubre vimos al peruano Mario Vargas Llosa, un príncipe de la Hispanidad, defendiendo la democracia y la unidad constitucional de España frente a otros profetas de lo mismo. Tiene su lógica, porque ni el uno ni el otro iban al extranjero y los dos iban a lo mismo. En todas las casas hay garbanzos negros, la pregunta es por qué motivo los dejamos crecer y desarrollarse hasta que se convierten en una amenaza para todos, incluidos ellos mismos.
Conforme los países de la Hispanidad se van hundiendo un poco más cada década y se busca al culpable de tan clamoroso fracaso, una palabra vendrá a convertirse en el conjuro que explique todos los males pasados, presentes y futuros, para siempre jamás: España. Los protagonistas del hundimiento económico no tienen que preguntarse qué han hecho mal ellos mismos. Echan la vista atrás y señalan a España y todo queda explicado. Es el bálsamo de Fierabrás. Por más que resulte evidente que el derrumbe económico se produjo cuando España ya no estaba y que mientras estuvo en pie el Viejo Imperio, la gente que vivía en él no iba a limpiar váteres a Nueva York. 
La versión de la historia que se estudia en México es que, digamos, México estaba ahí, como realidad preexistente y llegan los españoles que lo destrozan todo, masacran maravillosas culturas indígenas, esclavizan a los nativos, roban el oro y la plata (el cuadro habitual de la Leyenda Negra) hasta que, por fin, los mexicanos consiguen echarlos y recuperar la libertad. Vuelvo a México porque la Nueva España fue en verdad el corazón de aquel imperio al menos desde mediados del siglo XVII. El 80% de la población mexicana es mestiza. Tiene en mayor o menor medida sangre española y sangre india. Y habla español y otras lenguas. El español siempre ha convivido con otras lenguas. ¿Cómo va el mexicano o el colombiano o el paraguayo a sacarse de las venas la sangre que tiene y a arrancarse de la boca la lengua que habla sin destrozarse a sí mismo? Pero lo hacen. Ellos allí y nosotros aquí. El paisaje habitual es pasar por encima de más de tres siglos de historia virreinal como si hubiera sido un lapsus, por demás, lamentable

lunes, 4 de septiembre de 2017

Ignorancia Religiosa


Muchos críticos de Dawkins, también filósofos y científicos no creyentes, le reprochan sobre todo que alguien que quiere atacar a la teología debería hacer el esfuerzo de saber algo de ella. En esta entrada resumo algunas de esas críticas. Como comprenderán esta serie de reproches, aplicable a Dawkins, resulta casi irrisorio si pensamos en algunos de los colaboradores de APC en cuyos artículos muestran una ignorancia completa de lo  que es la religión cristiana.
 
El académico Terry Eagleton, profesor de literatura inglesa en la Universidad de Manchester, más conocido como marxista que como defensor de la fe, empezaba así su recensión del libro de Dawkins en "The London Review of Books, "Imagine a alguien pontificando sobre biología sin más conocimiento del tema que "The Book of British Birds" y tendrá una idea aproximada de lo que se siente al leer lo que Richard Dawkins escribe sobre teología. Racionalistas con carné como Dawkins, que es lo más parecido que tenemos a un ateo profesional desde Bertrand Russell, en cierto sentido son los menos preparados para comprender lo que fustigan, pues no creen que haya ahí nada que comprender, o al menos nada que merezca la pena ser comprendido. Por eso invariablemente se dedican a hacer una caricatura tan vulgar de la fe religiosa que daría vergüenza ajena a un estudiante de primero de teología. Cuanto más detestan la religión, más infundada es la crítica que le dirigen. Si tuvieran que hacer un juicio sobre fenomenología o la geopolítica del sudeste asiático, sin duda se pondría al día en la materia tan diligentemente como pudieran. En cambio, tratándose de teología, cualquier parodia de baja calidad vale".
A propósito de los males que atribuye a la religión, Eagleton comenta: "En un libro de casi 400 páginas, apenas es capaz de conceder que la fe religiosa haya procurado un solo bien a la humanidad, lo cual es tan improbable "a priori" como empíricamente falso".
 
H. Allen Orr, biólogo evolucionista, escribe en su reseña en "The New York Review of Books", que si en alguna ocasión calificó a Dawkins de "ateo profesional", ahora le calificaría más bien de "amateur". "Lo más decepcionante de "The God Delusion" es la incapacidad de Dawkins para afrontar el pensamiento religioso de un modo serio". Dawkins desprecia la fe de los fundamentalistas por simplista, y las elaboradas expresiones de los teólogos como sofistería. "El resultado es que "The God Delusion" nunca mira directamente a la cara a sus enemigos. En el libro de Dawkins no se encuentra ningún serio examen de la teología cristiana o judía (¿sabe que San Agustín rechazó el literalismo bíblico a comienzos del siglo V?), ningún intento de seguir los debates filosóficos acerca de la naturaleza de las proposiciones religiosas, ningún esfuerzo para apreciar la compleja relación entre la Iglesia y la ciencia (¿sabe que la Iglesia desempeñó un importante papel en la aparición de la ciencia no aristotélica?) y ningún intento de comprender la más simple actitud religiosa".
En una reseña publicada en "The New Republic" el filósofo Thomas Nagel dice estar poco impresionado por los escarceos filosóficos de Dawkins. Uno de los principales argumentos de Dawkins contra la existencia de Dios es que la prueba por el diseño en el mundo lleva a remontarse al infinito: "Un diseñador divino no puede explicar la complejidad organizada porque cualquier Dios capaz de diseñar algo tendría que ser suficientemente complejo para exigir el mismo tipo de explicación para sí mismo". Pero como Nagel apunta, este argumento solo tiene fuerza si los teístas concibieran a Dios como un cerebro complejo y no como un ser incorpóreo.